Codicia, raíz de todos los males
Jesús es el primero de entre los que de buena gana dan todo lo que tienen y lo que son por los demás. La codicia no tiene parte con él y con los de él.
Uno de la gente pide que Jesús le resuelva una disputa de herencia. No se nos dice su nombre. Pero conocemos a él y al hermano; el nombre del uno o del otro es el mío, el de un pariente o de un vecino. Y si bien Jesús no quiere ser juez, dice que la codicia es la raíz de la disputa. Plantea así él la solución de un viejo problema que surge una y otra vez.
Y el Maestro se sirve de una parábola para denunciar la codicia. Dice él que son necios los que amasan riquezas para sí. Al lograrlas amasar, ellos se creen con derecho a tumbarse, comer, beber, darse buena vida, sin preocuparse de los demás. Él, a su vez, los lleva a confrontarse con la muerte mientras se les dicta la sentencia de Dios: «Necio, esta noche morirás. ¿De quién será, pues, lo que has amasado?»
Sí, tarde o temprano todos moriremos, al igual que los animales, y los con riquezas las dejarán a otros. Los sabios y hábiles, pues, los con acierto, que ganan millones de dólares o euros, al fin, trabajan en vano.
Y no es que no hayamos de mejor nuestra vida, nuestras situaciones o condiciones. Pero necios somos por hacer dios del dinero. Por creer que vivir no es más ni menos que tener riquezas. Hacer o creer así es dejarnos llevar por la codicia, la avaricia, que es culto de ídolos.
Mas Jesús deja claro que en la vida hay cosas que valen más que tener bienes. Saca a la luz lo mala que es la codicia, si bien se disfraza de virtud. Sí, es necedad ella. Nos hace menos humanos. Y de ella surgen males de toda clase, a saber, los conflictos, las luchas, los homicidios, las envidias.
Señor Jesús, los que te tratamos de seguir de modo de Vicente nos guardamos, sí, de toda codicia. Y la denunciamos. Pero, ¿sería que no fuésemos menos codiciosos que los ricos necios? Pues aún buscamos la sombra, la comodidad, nuestros cuartos, libros, misas, y nos olvidamos de que vivimos del sudor de los pobres (SV.ES XI:120). Ayúdanos a vaciarnos de estos trocitos de codicia, para que podamos dar todo lo que tenemos y lo que somos. Y también entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre.
3 Agosto 2025
18º Domingo de T.O. (C)
Ecl 1, 2; 2, 21-23; Col 3, 1-5. 9-11; Lc 12, 13-21











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