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Evangelio y Vida para el 30 de julio de 2025
“El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido”
Ex 34, 29-35; Sal 98; Mt 13, 44-46.
En la Iglesia tenemos muchas cosas secundarias y accidentales, lo cual no quiere decir que hay que desaparecerlas y quedarnos únicamente con lo esencial. No es eso lo que quiere Jesús. Sigamos pagando “el diezmo del comino y de la ruda”, pero que esto no sirva de pretexto para descuidar lo más importante, el Reino de Dios y su justicia.
¡Cuántos creyentes se dejan distraer por las cosas secundarias, por el oropel de la religiosidad, y se olvidan del tesoro y de la perla fina que es el Reino de Dios, o no lo llegan a descubrir en su vida!
Dos parábolas breves con un mismo mensaje y una pequeña diferencia. La diferencia entre ellas es que en una el protagonista “busca”, y en la otra el protagonista “encuentra sin buscar”.
Los elementos comunes, en cambio, son: la capacidad para discernir el valor del hallazgo y apreciarlo en su justo valor, como el bien supremo. ¿Qué significa el Reino de Dios para mí?
El gozo que produce el hallazgo. ¿Soy un cristiano que vive la alegría de la fe, del evangelio, o soy un cristiano malhumorado?
Y la valiente decisión de invertir todo a cambio del Reino. ¿Qué he sacrificado o de qué me he desprendido para vivir la pasión por el Reino?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Miguel Blázquez Avis C.M.
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