“Cuando oren, digan: Padre, santificado…”
Gen 18, 20-32; Sal 137; Col 2, 12-14; Lc 11, 1-13.
A algunos les causa extrañeza ver que el Padrenuestro que hemos escuchado este domingo no coincide con el que estamos acostumbrados a orar. El que nosotros usamos es el que se encuentra en el evangelio de San Mateo, y el de hoy es del evangelio de San Lucas. Ambas versiones varían un poco. La de San Lucas contiene cinco peticiones, la de San Mateo, siete. No es tan importante la diferencia.
Lo importante es que Jesús nos ha dejado un modelo de oración que nosotros podemos adaptar a las circunstancias, según nuestras necesidades. Lo que no debe faltar nunca son algunas de las condiciones: En primer lugar, la oración siempre va dirigida al Padre o, como hace la Iglesia, al Padre, por Cristo en el Espíritu Santo. En segundo lugar, la oración no solo tiene en cuenta nuestras necesidades personales, sino que también es un homenaje de alabanza a Dios. Y la tercera, la oración tiene que ser perseverante. En otros lugares del evangelio, Jesús nos irá dando otras condiciones que debe tener toda oración bien hecha.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Miguel Blázquez Avis C.M.








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