Contemplación: Tiempo compartido con los amigos

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26 julio, 2025

Ver a Cristo en el rostro de los pobres

Contemplación: Tiempo compartido con los amigos

por .famvin | Jul 26, 2025 | Contemplación SSVP USA, Formación, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

Este artículo apareció originalmente en ssvpusa.org

Se suele decir que las reuniones son lugares donde se guardan las actas… y se desperdician las horas. Es una broma con suficiente verdad como para que cualquiera que haya asistido a unas cuantas reuniones generales en el trabajo, o a las de diversas organizaciones cívicas, se sienta identificado. Ahora bien, si lo único que has vivido son reuniones de Conferencia, ese chiste debería resultarte desconcertante.

A veces, algunos miembros se preguntan por qué no llevamos a cabo nuestros asuntos de forma remota, por correo o videollamada, lo cual probablemente sería más eficaz para muchas tareas. Sin embargo, como señala nuestro Manual, “la Conferencia se reúne no tanto para ocuparse de asuntos como para celebrar y profundizar su unidad por razones esencialmente espirituales” [Manual, 18]. Así pues, los asuntos de la Conferencia no son el propósito principal de las reuniones, y no hay razón para no gestionar parte de ellos por otros medios; no para reducir el número de reuniones, sino para aprovecharlas mejor construyendo nuestra amistad, compartiendo nuestro servicio y creciendo en santidad —no individualmente, sino, como dice nuestra Regla, “juntos” [Regla, Parte I, 2.2].

Menos de dos años después de la fundación de la primera Conferencia, Federico Ozanam ya advertía que las reuniones empezaban a cambiar, que la alegría y la amistad parecían debilitarse, y que la reunión «se dedica casi enteramente a temas de organización; nos parece larga» [carta a Léonce Curnier, de 23 de febrero de 1835]. No es casualidad que la primera redacción de la Regla surgiera poco después: una Regla que aún hoy nos recuerda que nuestras reuniones “se celebran en un espíritu de fraternidad, sencillez y alegría cristiana” [Regla, Parte I, 3.4]. No se trata de una orden del tipo “id y sed alegres”, sino que, como la mayor parte de nuestra Regla, es una descripción de cómo debería ser una reunión. Si nuestras reuniones no pueden describirse así, necesitamos replantearnos cómo las llevamos a cabo. Al fin y al cabo, no nos regimos por el Reglamento de Robert, sino por la Regla de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

De vuelta a la ciudad de Lyon tras finalizar sus estudios en París, el beato Federico se sentía a menudo aislado de “la comunicación de sentimientos e ideas, la simpatía, el estímulo intelectual y la asistencia moral” que para él eran esenciales en la verdadera amistad. Sin embargo, encontraba estas bendiciones de la amistad “en nuestra Sociedad de San Vicente de Paúl. Esas veladas semanales son uno de los mayores consuelos que la Providencia me ha dejado” [Carta a François Lallier, de 7 de febrero de 1838].

La Regla no nos llama a intentar reunirnos dos veces al mes, sino a reunirnos “de manera regular y constante, habitualmente cada semana”. Dos veces al mes es solo el mínimo [Regla, Parte I, 3.3.1]. Y no es porque busquemos llenar tomos de actas o revisar las cuentas de la Conferencia cada semana, sino porque deseamos crecer en amistad, acompañándonos mutuamente en el camino hacia la santidad. De verdad, nunca podemos reunirnos demasiado, porque el tiempo compartido con los amigos nunca es tiempo perdido.

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Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.


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