“¿Por qué les hablas contándoles parábolas”
Ex 19, 1-2. 9-11. 16-20; Sal Dn 3; Mt 13, 10-17.
Los evangelios, al darnos la explicación de las parábolas, nos permiten entrar en el círculo íntimo de Jesús, los apóstoles, a quienes Jesús les explicaba las parábolas “en privado”. A la gente, en cambio, la despachaba con el dicho: El que tenga oídos para oír, que oiga.
¿Qué entendía la gente? Más bien, poco. Las parábolas tienen una apariencia de simplicidad, pero no son sencillas de comprender. Requieren de reflexión y de un corazón transparente y sencillo. Están dirigidas a los pequeños y sencillos; de ahí que los sabios y entendidos requieran de sesudos tratados para comprenderlas. Pero, al final, lo que cuenta es “si queremos convertirnos y que Cristo nos salve”.
Las parábolas son un recurso pedagógico extraordinario y revelan una inteligencia viva y creativa típicamente oriental. San Bernardo dirá de las parábolas: Su superficie es agradable y graciosa, pero, rota la almendra (la cáscara), hállase en su interior algo mucho más deleitoso.
¿Sabemos leer el mensaje bajo la envoltura encantadora de las parábolas?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Miguel Blázquez Avis C.M.








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