Confiar en el Padre y no agobiarse

por Ross Reyes Dizon | Jul 24, 2025 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el confiar totalmente en el Padre en persona.  Los discípulos de verdad no pueden menos que confiar en el Padre al igual que su Maestro.

Dice Vicente que Jesús es hombre de grandísima oración (SV.ES IX:380).  Quiere decir esto que él está siempre en oración delante del Padre.  Se nos da a entender también que necesita del Padre y, por lo tanto, no puede sino confiar en él.

Una y otra vez ora, sí, Jesús (Lc 3, 21; 6, 12; 9, 18. 29).  Y esta vez, por lo visto, su orar contagia a sus discípulos.  Pues le piden que les enseñe a orar.  Y pronto se les concede lo que piden; se les enseña una oración breve y sencilla.  Esa no es nada como las largas y recargadas oraciones de los judíos.

Y la oración del Señor da a entender que somos íntimos los que oramos y el que al cual oramos.  Pues le llamamos Padre.  Así que somos sus hijos e hijas, lo que nos da razón para confiar en él.

También, cual buenos hijos e hijas de Dios, ardemos en deseos de que lo tomen los demás por Padre.  Y que alaben su nombre.  Aún más, buscamos su reino.  Pues reinar Dios quiere decir que hay justicia, paz, amor, preocupación mutua.

Y nuestro confiar queda claro aún más al pedir nosotros lo que nos falta para vivir.  Pues pedimos no más lo que necesitamos hoy; no nos agobiamos por el mañana que dejamos en manos del Padre.

Si bien somos al igual que los en Sodoma y estamos muertos por nuestros pecados, no dejamos de confiar.  Pues el Padre nos perdonará nuestros pecados.  Pero decimos a la vez que sabemos que no podemos esperar su perdón si no perdonamos a nuestros hermanos y hermanas.  Y pedimos también que no nos deje él caer en la tentación de creer que nos basta a nosotros mismos.

Confiar y esperar en Dios de forma activa. 

Sí, nos toca pedir y decirnos pobres.  Mas no nos basta con pedir.  Pues hemos de buscar y llamar también.

Es decir, hemos de hacer nuestra parte en la obra del reino de Dios y su justicia.  «A costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente»  (SV.ES XI:733).  Hay que pensar mucho para hallar modos y medios de hacer «inventivo de forma infinita» nuestro amor (SV.ES XI:65).

Y, claro, nos hemos de mantener constantes y firmes en pedir, buscar y llamar.  Nos toca confiar que nuestro Padre, bueno y amable, nos dará el Espíritu Santo. Este nos ayudará y enseñará a los débiles a pedir, buscar y llamar de modo debido.

Señor Jesús, concédenos a los humildes descargar todo nuestro agobio en el Padre y confiar en él en absoluto.  Y haz que gustemos la gloria del mañana, la prenda de la cual es tu Sagrado Banquete que compartimos.

27 Julio 2025
17º Domingo de T.O. (C)
Gén 18, 20-32; Col 2, 12-14; Lc 11, 1-13

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