Justo a la vuelta de la esquina (Mt 10,7)
Jesús utiliza la expresión “está cerca”, como cuando dice: “el Reino de Dios está cerca”. Es una frase que significa algo inminente, a punto de llegar, justo más allá del horizonte.
En cuanto detectamos su atracción, podemos sentirnos expectantes: la cabeza erguida, los ojos bien abiertos, esforzándonos por captar ese primer indicio de lo que aún está por venir.
La expresión evoca una actitud de vigilancia: vivir no solo en el presente, sino avanzar hacia el instante siguiente. Aunque la sabiduría común suele aconsejar vivir en el presente y no centrarse en un futuro incierto, las Escrituras insisten una y otra vez en mirar hacia adelante. Esto significa situarse al borde del ahora y asomarse más allá, intentando captar las vibraciones de lo que se avecina.
A esto lo podríamos llamar “atención al Reino”, una vigilancia activa en los lugares donde:
- los hambrientos están siendo alimentados,
- la verdad está siendo proclamada,
- los sin techo están siendo acogidos,
- las mujeres están recibiendo igualdad de derechos,
- la compasión está superando al interés propio,
- los pueblos están resistiendo la autocracia o la oligarquía,
- el altruismo empieza a abrirse paso frente al egoísmo.
Todo esto está en sintonía con la frase de Jesús “está cerca”; es decir, algo que comienza a irrumpir, que dobla ya la esquina.
Para sintonizar con el anuncio de Jesús de que el Reino de Dios está cerca, se nos desafía a desarrollar una sensibilidad más aguda hacia aquellos lugares donde ese Reino empieza a manifestarse. Y, al dejarnos atraer por esa gracia, hacer lo que esté en nuestras manos para traer esas realidades nacientes desde el futuro al servicio del aquí y del ahora.
En una conferencia pronunciada hacia el final de su vida, san Vicente de Paúl visualiza el Reino de Dios como una lámpara que nos llama y que brilla sin cesar en nuestro interior:
Tengamos, pues, ese continuo deseo de que se extienda el reino de Dios y ese anhelo de trabajar con todas nuestras fuerzas para que, después de haber procurado el reino de Dios en la tierra, vayamos a gozar de él en el cielo. Tengamos siempre esta lámpara encendida en nuestros corazones.
San Vicente de Paúl, conferencia «Sobre la búsqueda del Reino de Dios», SVP ES XI-3, p. 435















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