Jesús tiene palabras de vida, y su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. No hay cosa mejor y vale más que acudir a él.
Es mejor y más honesto decir desde el comienzo de qué se trata el texto sobre Marta y María. Seremos así fieles a Lucas también.
Y el texto se centra menos en las mujeres y más en el discipulado de un discípulo o una discípula. Claro, varias lecciones se pueden aprender (véase también P.J. Griffin). Mas ellas dejan claro no más lo que se nos enseña: los discípulos y discípulas se sientan a los pies de Jesús y escuchan sus palabras. Tal sentarse para escuchar es propio de los que siguen a Jesús.
Por lo tanto, enseña el texto lo que otros textos. Es decir, lo que es mejor y cuenta más es escuchar y hacer la palabra de Dios (Lc 8, 20-21; 11, 27-28).
Pero hay que decir que destaca el texto de hoy el escuchar a Jesús. Después de todo, él es la palabra de Dios, la definitiva que da vida. Su carne, sangre, palabra, es la comida y la bebida, de las que vivimos. Y, claro, los discípulos y discípulas de verdad cumplen las palabras de su Maestro.
No, no hay modo mejor y más seguro de dejarnos salvar por Dios que seguir a Jesús (SV.ES III:359). Y el que le escucha y hace su palabra construye una casa que no pueden derrocar las inundaciones. Pues está fundada sobre roca firme (véase también RCCM II:1).
Aún más, si escuchamos sus palabras en el texto de Lucas, quizás logremos captar lo que nos dice también Jesús: discípula puede ser también la mujer. Y logremos cobrar fuerzas para dejarla ser mejor y más que ama de casa. Como dejó a las mujeres Vicente. Se fio él de la Providencia que había dejado a la Iglesia acabar con las diaconisas (SV.ES X:953).
Señor Jesús, de ti son las palabras de vida. Por lo tanto, no hay cosa mejor y más esencial que el seguirte. Concédenos lograrte seguir de veras. Lograr conocer también lo rica que es la gloria de tu misterio. Y lograr tomar parte en el festín de tu palabra, carne y sangre, de tal modo que esto no se nos quite jamás.
20 Julio 2025
16º Domingo de T.O. (C)
Gén 18, 1-10a; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42









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