“Porque el Hijo del hombre es Señor del Sábado”
Ex 11, 10-12. 14; Sal 115; Mt 12, 1-8.
Buenas son las leyes si las leyes son buenas. Son también necesarias. Hacen posible la convivencia, el bienestar social, el orden. Caótica sería la vida en una sociedad sin leyes.
El evangelio nos habla con frecuencia de un Jesús respetuoso y cumplidor de las leyes de su pueblo. Igualmente, el cristiano debe ser un cumplidor de las leyes. No se puede ser un buen cristiano si no se es un buen ciudadano.
Pero las leyes no son un bien absoluto, ni la norma última de la persona. Así lo deja bien claro Jesús cuando sale en defensa de sus apóstoles. Primero, lo que estaban haciendo no era nada malo ni caía bajo la prohibición de la ley bien entendida. Segundo, toda ley tiene sus excepciones. Tercero, la ley nunca debe estar por encima de la persona sino al servicio y defensa de ella y de la vida.
Por último, y lo más importante, el dueño de la ley y de las conciencias es el Señor, no los legisladores humanos.
¿Has roto la ley alguna vez? ¿Qué te motivó a hacerlo?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Miguel Blázquez Avis C.M.








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