En un rincón del norte de África, donde el Mediterráneo toca las arenas del desierto y la diversidad cultural desafía cada día a quienes optan por tender puentes, vive y entrega su vocación Sor María José, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. Enfermera de profesión y misionera por vocación, lleva más de dos décadas compartiendo su vida con los más vulnerables en Túnez: mujeres solteras rechazadas por su entorno, madres inmigrantes con niños pequeños, y comunidades donde la dignidad humana debe defenderse cada jornada desde el silencio, la cercanía y el servicio.
En esta entrevista publicada originalmente en la revista Tu Misión al Día, de la ONG COVIDE-AMVE, Sor María José nos abre el corazón con sencillez y firmeza. Nos habla de su llamado vocacional, de los contrastes culturales entre Europa y el Magreb, del profundo compromiso con los valores vicencianos y de la realidad, tan dura como esperanzadora, que vive en un país donde ser extranjera, mujer y religiosa es ya, en sí misma, una forma de misión.
Más allá de los datos y los proyectos —que los hay y muchos—, esta conversación nos permite asomarnos a una espiritualidad encarnada, que se hace presencia entre quienes más sufren y que busca, cada día, ser rostro del Dios providente, sin grandes gestos pero con una fuerza silenciosa que transforma. Una lectura que interpela, anima y compromete.
A continuación, la entrevista completa.
PREGUNTA: Bienvenida de vuelta a España, ¿Qué tal estos primeros días en España? ¿Has notado mucha diferencia respecto de Túnez?
RESPUESTA: Sí, hay mucha diferencia. No se puede equiparar o hacer una semejanza en países que son completamente distintos empezando por la limpieza de las calles, por ejemplo. Allí el sentido que tenemos nosotros de limpieza no lo tienen en el mismo sentido. Lo mismo para ellos, cuando vienen a países europeos normalmente dicen: ¡qué limpio está todo! ¡qué ordenado!, todo el mundo pasa por el paso de cebra, todo el mundo respeta los semáforos… en fin, hay un orden, mientras que allí no existe eso.
P: ¿Cómo, cuándo y dónde sentiste la llamada para ser misionera y dedicar tu vida a los más necesitados?
R: No hay una fecha exacta ni un lugar exacto. Pero si que puedo decir, porque mi historia sería un poquito larga para contar, que desde bastante pequeña me llamaba mucho la atención los pobres. Y eso que yo nací en un pueblo donde o todos éramos pobres o todos éramos ricos… Pero bueno, cuando leías alguna vida de un santo… pues no sé, te llamaban un poquito eso la atención. Pero quizá, quizá… el punto, la puntilla digamos, fue cuando mis padres me llevaron a un colegio de Hijas de la Caridad y allí, en la zona de la biblioteca, había una vida de San Vicente y una vida de Santa Luisa. Evidentemente era pequeña y era como un tebeo. Si que puedo decir que fue allí donde se plantó la semillita, especialmente con la vida de San Vicente, que me llamó poderosamente la atención: cómo se desarrolla su vocación, su entrega hacia los pobres… Siempre he dicho que yo creo que fue San Vicente el que me pescó.
P: ¿Cómo fue tu primera impresión cuando llegaste a Túnez por primera vez? ¿Ha cambiado esa perspectiva desde entonces?
R: La primera vez que llegué a Túnez, yo iba muy ilusionada porque mi idea siempre de destino siempre había sido la áfrica subsahariana, para mi era mi sueño, concretamente la zona de Rwanda. Tuve la suerte de que la superiora general en ese momento me enviase efectivamente a Rwanda. Pero acabó en un aborto por una enfermedad, y eso pues hizo que yo tuviese que asumir que no podía ir a un país de misión.
Tras dos años de lucha interna, llegué a asumir que tenía que estar en España. Pero bueno, no sabemos porque el Señor logró una serie de acontecimientos en la vida que hizo que yo pidiese ir a Africa del Norte. Había llegado una solicitud de la provincia de África del Norte, que entonces era autónoma, que se necesitaban enfermeras sin miedo. Yo era enfermera, me había especializado en enfermedades tropicales, y no tenía miedo, así que tenía las dos características. Así que me envían allí, concretamente a Túnez. Entonces, ya iba con una ilusión debido a que había tenido ese aborto de misiones. Esa perspectiva sigue siendo la misma, estoy contenta con lo que Dios me ha enviado.

Foto: COVIDE-AMVE. Sor Mª Rosario Sillero, directora nacional de COVIDE-AMVE, y Sor Mª José conversan sobre los proyectos conjuntos en Túnez.
P: ¿Cómo es un día típico en tu labor como misionera en el país?
R: Pues mira hay muchas variantes. Como sabes, en estos países no podemos tener obras propias por lo que no es muy estructurado. Yo trabajo con el tema de mujeres solteras, un tema que es muy delicado en estos países, y con inmigración también (madres inmigrantes con niños y sin padre). Los días varían porque a veces tienes que hacer acompañamientos, las tenemos que acompañar al hospital… No hay una estructura cuadrada, pero si hay una estructura general: te levantas por la mañana, haces la oración, los laudes con la comunidad, tomas el desayuno, etc. Y luego ya empieza las actividades que te decía.
P: ¿Cuáles son los principales desafíos a los que te enfrentas en tu labor misionera?
El desafío es la sociedad cuando no acepta a estas mujeres, quizá es el mayor desafío. Y luego con inmigración, el mayor desafío que se nos presenta es que el país no reconoce al inmigrante, no tiene organismo que proteja a la inmigración. Al único que deja trabajar es a la OIM (Organización Internacional para las Migraciones). Es a través de esta organización que recibimos a estas mujeres del áfrica subsa-hariana con sus nenes, estando protegidas a través del hogar y de la OIM. Estas personas son muy vulnerables en la calle, la policía les puede parar en cualquier momento y les puede poner muchas dificultades… este es un gran desafío.
P: Entiendo entonces que los dos proyectos que tenéis es el de las mujeres solteras y luego el de los inmigrantes…
R: Sí bueno, es que es lo mismo. La OIM nos envía al hogar, que no es nuestro porque trabajamos con asociaciones del país. No tenemos derecho a tener obras propias como Hijas de la Caridad en Túnez, solo está la persona jurídica que es el obispo. Hay colegios que sí tiene la diócesis, tienen una personalidad jurídica. Esto se debe que la Iglesia durante muchos años (el país fue protectorado francés) ha conservado estos colegios y los gobiernos les han permitido continuar con ellos. Por ello no tenemos derecho a tener obras fuera del ámbito educativo.
Nosotras, si queremos seguir trabajando con población vulnerable, tenemos que estar asociadas a una asociación del país. Por ello, estamos en la Asociación AMED y otra de niños abandonados o casos sociales que trabaja conjuntamente con el gobierno. Muchas veces están coordinadas porque, por ejemplo, muchas de esas madres solteras van a llevar a su niño o niña a un centro de abandono o protección social hasta que la madre encuentra un trabajo o una solución a su vida para poder seguir con el niño o la niña.
«Esto es lo bonito, saber que hay organismos en los que todo eso va en beneficio de estas familias vulnerables.»
P: ¿Tenéis algún nuevo proyecto en mente?
R: Bueno, tenemos uno de los proyectos que he presentado que es un taller de informática, en un barrio en el que nosotras hemos trabajado durante muchos años, de hecho, el barrio creció con nosotras o nosotras con el barrio. Fuimos unas de las primeras casas del barrio, las hermanas han vivido ahí durante muchos años, pero por falta de vocaciones, tuvimos que quitar esa comunidad. Pero, siempre hemos seguido insertadas en el barrio, ahora a través de una asociación del país.
Hay un proyecto gordo, dentro de la asociación en la que estoy, que es comprar un terreno con una casa. La asociación, aparte de tener un lugar de urgencia para acoger a las madres (tanto inmigrantes como del país), tiene también un proyecto de formación. Es una unidad de vida para enseñarlas como cuidar a una persona mayor en casa; a familias que tienen niños y/o que no los quieren llevar todavía a la guardería, enseñarles como cuidar un bebé en casa; o como cuidar de minusválidos en casa… Aquí hay gente de un nivel más alto, no todo son pobres claro. También hay talleres de cocina, costura… También tenemos talleres para mujeres vulnerables, muchas se divorcian y se cargan de sus hijos, necesitan encontrar un trabajo para poder sustentar a la familia.
P: ¿Qué tipo de ayuda es la que más necesitáis actualmente?
R: Ahora mismo lo que más necesitamos es ayuda económica para poder el terreno y la casa para la asociación. Así tendríamos un lugar más estable para poder realizar estas formaciones a mujeres vulnerables.
P: ¿Cómo transmitís el mensaje vicenciano en vuestra comunidad?
R: Nuestro mensaje vicenciano es que nuestra vida esté impregnada de estos valores vicencia-nos: humildad, sencillez, amor al pobre… Aquí hablamos de sectores muy marginados donde la mujer no tiene un valor social. El hecho de que tú que eres extranjera, para ellos eres rica, entres en sus casas, comas con ellos, te sientes en el suelo, eso ya es… mucho para ellos y de aplicar los valores vicencianos: nos acercamos al pobre sin que se sienta mal cuando te sientas frente a él. Así, ellos te ven en el mismo plano.
P: Durante los últimos meses, el gobierno tunecino está poniendo muchas trabas a las ONG que trabajan con inmigrantes, ¿cómo os ha afectado esta situación?
R: A nosotras no nos ha afectado directamente por que esta asociación, como trabaja en unión con la OIM y la asociación AMED, se ve respaldada por el gobierno tunecino.
P: El cambio climático es uno de los problemas más urgentes del siglo XXI, ¿habéis notado los efectos en Túnez?
R: Si, mucho. Túnez es una zona mediterránea, al fin y al cabo, compartimos herencia con España. Del 2002, cuando yo llegué a Túnez, a ahora no tiene nada que ver. El calor fuerte o sofocante era julio y agosto, pero, septiembre era soportable. Ahora en junio comienza ya el calor fuerte y se extiende hasta la segunda quincena de septiembre. Los inviernos hemos pasado de mínimas de entre 5°C y 0°C, a mínimas de 13°C y 15°C, por lo que la diferencia es importante. Este año, por ejemplo, frío hemos tenido 3 días contados. Además, tampoco llueve como antes, porque teníamos un periodo de lluvias en otoño. En este año se ha portado un poco mejor en noviembre y diciembre de forma alternativa, pero aun así había ya restricciones de agua en Túnez, algo que yo nunca he conocido allí.
P: Por último, ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a todas las personas que han colaborado en la misión de Túnez?
R: Primero, agradecimiento por su aportación a esta misión. Segundo, que sigan colaborando con nosotras por que creo que, seamos cristianos o no, debemos ser solidarios con nuestros hermanos, sean de donde sean y de la religión que sean. Colaborar con una ONG es tener la seguridad de que todo el dinero va para eso, que hasta el último céntimo que tu des no se va a desperdiciar para nada. Es más, que un céntimo que tú des lo multiplicamos por cuatro, porque tenemos ese don, como Jesús. Esto es lo bonito, saber que hay organismos en los que todo eso va en beneficio de estas familias vulnerables.
Fuente: Revista «Tu Misión al día», publicada por la ONG COVIDE-AMVE, número especial 2, primer semestre del año 2025.
Visita la web de COVIDE-AMVE: https://covideamve.org/













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