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Evangelio y Vida para el 8 de julio de 2025
“Nunca se vio tal cosa en Israel”
Gen 32, 22-32; Sal 16; Mt 9, 32-38.
Nunca está mejor usada la frase pobre diablo que cuando se le aplica al demonio. En todas las culturas y civilizaciones, todo lo malo se le atribuye a él. Así sucedía en Israel, y no estaban del todo descaminados.
El demonio, con su gran mentira, trastornó el orden y el bienestar de la creación.
Demonio o no demonio de por medio, nada le resta méritos al milagro de Jesús y tampoco al milagro como enseñanza para nosotros.
Como sucede siempre con los milagros de Jesús, las reacciones de los testigos son diversas. El pueblo llano y sencillo se llena de admiración; los retorcidos fariseos tratan de desprestigiar a Jesús y quitarle importancia a lo que dice o hace. Pequeño milagro, en comparación con otros, pero grande la enseñanza que de él se deriva. En una sociedad como la nuestra prevalecen los que más vociferan, las minorías de los derechos inventados frente a la mudez de las mayorías silenciosas. Una mayoría que calla y se deja robar el protagonismo que le pertenece. ¿Cobardía? ¿Indiferencia? ¿Miedo? No olvidemos que el silencio, la mudez diabólica, es complicidad.
Abre, Señor, mis labios y proclamaré tu alabanza.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Miguel Blázquez Avis C.M.
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