“¡Ten ánimo, hija! ¡Tu fe te ha salvado!”
Ge. 18, 10-22; Sal 90; Mt 9, 18-26.
Dos mujeres muertas. A una de ellas se le ha truncado la vida a los doce años; la otra lleva ya “muerta” doce años. Porque así eran las cosas en aquellos tiempos. Y porque hay diferentes maneras de estar muerta. A la mujer, su impureza legal le ha convertido en una muerta en vida.
Por eso las curaciones que hacía Jesús eran mucho más que devolverles la salud a los enfermos. Eran como resurrecciones, devolverlos a la vida, sacarlos de la marginación para reintegrarlos a la vida familiar, social y religiosa.
La fe juega un papel importante en los milagros de Jesús. No es que la fe sea la causa del milagro, pero sí su necesaria condición. Hacer un milagro en ausencia de la fe es un desperdicio, es como hacer señas a un ciego en la calle. Pero la fe es capaz hasta de robarle un milagro a Jesús: Hija, ten confianza, tu fe te ha curado. Sin fe, aunque resucite un muerto; por la fe, hasta un muerto puede resucitar. Jesús tomó a la niña de la mano y ésta se levantó.
La niña no está muerta, está dormida. ¿Por qué hemos elegido el nombre de panteón (nombre pagano) para designar el lugar donde reposan los muertos en vez de cementerio /dormitorio), como sugiere Jesús?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Miguel Blázquez Avis C.M.













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