En Estados Unidos, Medicaid y el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) son dos componentes fundamentales de la red de seguridad social federal, que brindan cobertura médica y asistencia alimentaria a millones de personas y familias con bajos ingresos. Medicaid ofrece atención médica gratuita o de bajo costo a personas con recursos limitados, incluidos niños, personas mayores y personas con discapacidades. SNAP, comúnmente conocido como “cupones de alimentos”, ayuda a los hogares elegibles a cubrir sus necesidades básicas de alimentación.
Actualmente, estos programas están en riesgo debido a una propuesta legislativa polémica que se debate en el Congreso de Estados Unidos. Conocida informalmente como la “Gran y Hermosa Ley” (Big, Beautiful Bill), esta amplia iniciativa presupuestaria incluye recortes significativos de impuestos, aumentos en el gasto militar y en seguridad fronteriza, y fuertes reducciones a programas sociales. El proyecto refleja varias prioridades de la actual administración presidencial y ha generado una gran preocupación en distintos sectores de la sociedad.
Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, la versión aprobada por la Cámara de Representantes provocaría recortes de casi 793 mil millones de dólares a Medicaid durante la próxima década, lo que podría dejar a más de 10 millones de personas sin cobertura médica. También se proponen reducciones importantes al programa SNAP, que podrían hacer que millones de personas pierdan el acceso a asistencia alimentaria.
Estas propuestas han sido fuertemente criticadas por organizaciones religiosas, benéficas y sin ánimo de lucro que trabajan directamente con comunidades de bajos ingresos. Estas entidades advierten que las medidas podrían tener efectos devastadores y sin precedentes sobre las poblaciones más vulnerables, agravando la pobreza, el hambre y la falta de acceso a servicios de salud en todo el país.
El avance del proyecto en el Senado sigue siendo incierto. Aunque una mayoría muy ajustada votó a favor de iniciar el debate formal, existen profundas divisiones entre los legisladores, incluso dentro del propio partido gobernante. Algunos se oponen a los recortes en el gasto social, mientras que otros expresan su preocupación por el impacto que la ley tendría sobre la deuda pública. El borrador actual del proyecto tiene 940 páginas e incluye reducciones adicionales que no estaban en la versión de la Cámara Baja, especialmente dirigidas a los incentivos para las energías limpias y los vehículos eléctricos.
El debate público se ha intensificado a medida que se conocen más detalles de la propuesta. Los críticos sostienen que esta ley podría socavar la inversión en energías renovables, perjudicar la creación de empleos y dañar la competitividad de Estados Unidos, en un momento clave frente a desafíos globales como el cambio climático y la competencia industrial con países como China.
Mientras continúan las negociaciones legislativas, el futuro de programas como Medicaid y SNAP —y el bienestar de millones de estadounidenses que dependen de ellos— sigue siendo incierto.
Ante esta situación, John Berry, presidente nacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl de EE. UU. (SVdP USA), una de las organizaciones católicas de caridad más grandes del país, ha hecho un contundente llamamiento público. Apoyándose en la misión basada en la fe de la SVdP y su trabajo diario con los pobres en todo Estados Unidos, Berry pide a los legisladores que reconsideren los recortes que, según él, tendrían “un efecto sin precedentes y devastador sobre los pobres”.
A continuación, el texto completo de la declaración de John Berry, instando al Congreso a proteger Medicaid y SNAP, y a defender la dignidad y el bienestar de quienes más lo necesitan.
El Presidente Nacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl de EE. UU., John Berry, insta al Congreso a proteger Medicaid y SNAP
Mientras el Congreso trta de aprobar la llamada “One Big Beautiful Bill Act” (Una Gran y Hermosa Ley), mis compañeros vicentinos y yo estamos profundamente preocupados porque algunos miembros del Congreso ven este proyecto como un martillo, y a nuestra red de protección social como el clavo.
Aunque el parlamentario del Senado ha dictaminado que no se incluyan ciertas disposiciones preocupantes que funcionarían como recortes a Medicaid y SNAP, hay algo que sigue siendo claro: este proyecto de ley, en su forma actual, tendría un efecto sin precedentes y devastador sobre los pobres.
Los recortes son alarmantes. La legislación, tal como fue aprobada por la Cámara de Representantes, recortaría 793 mil millones de dólares en fondos para Medicaid en los próximos diez años, lo que, según la Oficina de Presupuesto del Congreso, provocaría que 10.3 millones de personas menos estén inscritas en este programa que salva vidas. Además, implicaría casi 300 mil millones de dólares en recortes al Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) durante la próxima década, lo que se traduciría en 7 millones de personas que perderían total o parcialmente sus beneficios de SNAP.
Esto supone que millones de niños pasarán hambre, que millones de adultos y personas con discapacidad perderán sus prestaciones sanitarias y que se ampliará la brecha entre las rentas más altas y las más bajas.
La Sociedad de San Vicente de Paúl en Estados Unidos reconoce las presiones fiscales que deben afrontar el Congreso y nuestro país. Pero también debemos preguntarnos por qué siempre deben ser los pobres quienes más sufren —y lo harán.
Como una de las organizaciones más grandes al servicio de los pobres, nuestra experiencia directa y nuestra tradición católica nos enseñan que partes de esta legislación contradicen nuestros valores morales. Nuestros voluntarios vicentinos están trabajando sobre el terreno, esforzándose cada día por aliviar la pobreza en cada rincón del país. Nuestros comedores, tiendas de segunda mano y farmacias solidarias se encuentran tanto en zonas urbanas como rurales, tanto en estados republicanos como demócratas.
Hoy alzamos la voz por aquellos que con demasiada frecuencia son dejados atrás, olvidados y marginados, y también por nuestros propios voluntarios, para pedirle al Congreso que reconsidere estos recortes dolorosos e injustos. Es hora de que se escuchen nuestras voces.
A los miembros del Congreso, les pedimos que abran los ojos y el corazón a quienes sufren y a los sistemas que perpetúan la pobreza en esta, una de las naciones más ricas del mundo. Como dijo recientemente el Papa León XIV: “Ayudar a los pobres es una cuestión de justicia, antes que de caridad.” Comprometámonos hoy a construir un mundo más justo que nos eleve a todos.
Fuente: https://ssvpusa.org/









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