Julie King es trabajadora de apoyo a la vivienda en el noreste de la isla de Gran Bretaña. Aquí nos cuenta por qué la gestión del trauma es clave para trabajar con jóvenes.
Soy trabajadora de apoyo a la vivienda en Whitely Bay, lo que quizás no sugiere automáticamente que trabaje en temas de salud mental, pero en Depaul UK todos lo hacemos, porque sabemos que entender el trauma y cómo afecta a la salud mental de un joven es fundamental para ayudarle a seguir adelante con su vida.
La mayoría de los jóvenes con los que trabajamos han atravesado etapas muy difíciles en su vida. Puede tratarse de ruptura familiar o rechazo, pobreza, negligencia, abusos o exposición a graves abusos de sustancias en el hogar. Los abusos sexuales y físicos también suelen ser especialmente frecuentes entre las mujeres. Cuando llegan, no sólo están traumatizadas por su pasado, sino también por su presente: a menudo están aisladas de su familia y amigos, duermen en sofás o en lugares inseguros. Este tipo de trauma se manifiesta en todo: desde la forma en que se relacionan con los demás hasta cómo gestionan las tareas cotidianas, o incluso cómo se ven a sí mismas.
Muchos de nuestros jóvenes llegan con baja autoestima, sin confianza en los adultos o en los servicios, y con dificultades para mantener rutinas, relaciones o responsabilidades. Algunos se retraen y se desvinculan, y otros recurren a sustancias o a comportamientos caóticos para hacer frente a la situación.
La mayoría no estudian ni trabajan. Sólo se centran en sobrevivir. Se observan altibajos extremos: o están eufóricos y gastan impulsivamente, o están completamente desanimados y son incapaces de comprometerse en absoluto.
Observamos a todos y cada uno de ellos y vemos sus traumas, y por eso nuestro trabajo se basa en un enfoque basado en el trauma. Esto significa que nos damos cuenta de cómo los acontecimientos del pasado influyen en su comportamiento y, lo que es más importante, les apoyamos de una manera que les resulte útil y satisfaga sus necesidades individuales.
Cuando nos reunimos con un joven por primera vez, nuestro objetivo es siempre dar prioridad a la seguridad emocional y física. No entramos sin más y empezamos a rellenar formularios. Primero tenemos que construir una relación, de lo contrario no se comprometerán e incluso podrían abandonar el servicio, ¿y quién podría culparles?
Construimos la confianza lenta y sistemáticamente, consideramos el comportamiento como comunicación y no como algo que hay que corregir, y nos adaptamos a la persona en lugar de esperar que ella se adapte a nosotros. Esta conexión segura y constante con un adulto de confianza puede ser transformadora. Pero si no lo hacemos, corremos el riesgo de reforzar el daño y la inestabilidad que han experimentado durante años.
Nuestro personal está formado en una serie de respuestas basadas en el trauma, desde las cuatro «R» -Regular, Relacionar, Racionalizar, Reparar- hasta las teorías del apego y cómo reconocer las respuestas al trauma. También trabajamos con la teoría de la Ventana de Tolerancia, según la cual una persona dentro de la ventana puede funcionar, pensar con claridad y responder con calma. Pero fuera de la ventana, puede sentirse abrumada o encerrarse en sí misma.
Una de las jóvenes con las que trabajamos se cierra completamente cuando está desregulada. No habla, no hay contacto visual, es como si la cubriera una manta. En lugar de presionarla, nos sentamos a su lado mientras juega al Minecraft. A veces la distracción ayuda, o el humor, o simplemente estar callado y presente. Al final se relaja, se abre y empieza a hablar de lo que le preocupa. Con el tiempo, este enfoque le está ayudando a autorregularse, un paso crucial en la recuperación a largo plazo.
Todas estas técnicas y herramientas nos capacitan para comprender el comportamiento, entablar relaciones significativas y ayudar a los demás a procesar el trauma con compasión y claridad. Esto significa que podemos ir más allá del nivel superficial y conectar con las necesidades básicas de un joven, ayudándole a sentirse visto, seguro y apoyado. No se trata de arreglarlos. Se trata de estar a su lado y ayudarles a creer que valen la pena.
El efecto de este trabajo suele ser lento y sutil, pero profundamente significativo. Una joven con la que trabajamos ha sufrido múltiples traumas, estaba muy metida en las drogas y tenía un historial de vivienda inestable. Consumía todas las sustancias posibles. Era un caos. Pero con el tiempo, y con nuestro apoyo, salió de una relación abusiva, redujo drásticamente su consumo y se mudó a un piso estable. Ahora está a punto de dejar nuestro servicio, preparada para vivir de forma independiente, con más capacidad de superación y más confianza en sí misma que cuando llegó.
Por supuesto, el trauma no desaparece de la noche a la mañana y la curación no es lineal. Se origina en las relaciones, y debe curarse en las relaciones. Si no adoptáramos este enfoque, creo que muchos de nuestros jóvenes no se quedarían con nosotros. Han tenido demasiadas personas que les han abandonado. Debemos mostrarles que somos diferentes, porque cuando los jóvenes son realmente considerados y apoyados, pueden empezar a reconstruir sus vidas.
Fuente: https://www.depaul.org.uk/









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