El 28 de junio de 2025, el periódico El Debate, de España, publicó una extensa y reveladora entrevista al presidente internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl. En ella, aborda con claridad y firmeza algunos de los grandes retos que enfrentan hoy las organizaciones católicas de ayuda, especialmente ante el riesgo de secularización y la pérdida de identidad cristiana. A continuación, ofrecemos un resumen de los aspectos más destacados de esta entrevista, así como el enlace para acceder al texto completo.
Juan Manuel cuenta que su vocación vicentina no llegó en la juventud, sino a los 35 años, tras la muerte de su padre, quien había sido militar y miembro activo de Cáritas y de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Aquel momento le llevó a hacerse una pregunta que cambió su vida: «¿Qué he hecho por los demás?». Esa inquietud lo impulsó a buscar una forma de servicio más comprometido desde el Evangelio, y encontró en la Sociedad de San Vicente de Paúl un camino claro.
Hoy preside esta gran organización de carácter internacional, con presencia en 155 países, una inversión anual que supera los 1.500 millones de euros y más de 2,3 millones de voluntarios. Pero, como él mismo insiste, el tamaño o los recursos no son lo esencial: «No somos una ONG al uso», dice con firmeza. La clave está en que esta obra nació desde una inspiración cristiana muy concreta: llevar la caridad material y espiritual a los más pobres, reconociendo en ellos el rostro de Cristo.
La Sociedad fue fundada en París en 1833 por jóvenes universitarios entre ellos el beato Antonio Federico Ozanam. Surgió como una respuesta laica y evangelizadora a las necesidades sociales del momento, adelantándose a otras obras de caridad de la Iglesia. Desde entonces ha mantenido una identidad propia, sin dependencia de la estructura eclesial, aunque en muchos lugares trabaja estrechamente con las parroquias. Como recuerda su presidente, «somos una obra de laicos católicos, en comunión con la Iglesia, pero no dependientes de ella».
Una de las ideas más repetidas en esta entrevista es que la caridad no puede reducirse a dar cosas. «Si sólo repartimos alimentos y dinero, nuestras conferencias desaparecerán ante los ojos de Dios», advierte. Para él, es vital mantener la dimensión espiritual del voluntariado, porque la caridad cristiana es mucho más que la solidaridad. «La ayuda material es necesaria, pero el Evangelio es lo que da sentido a lo que hacemos».
Bajo esa luz, señala que en algunas partes del mundo, incluida Europa, se corre el riesgo de caer en una visión excesivamente asistencial. Y aunque evita caer en un juicio negativo, reconoce que «algunas organizaciones de Iglesia han caído en la secularización, limitándose a la ayuda material». Su preocupación no es una crítica dura, sino una llamada a la autenticidad: «Si perdemos nuestra raíz espiritual, perdemos lo que nos distingue».
La Sociedad de San Vicente de Paúl trabaja en muchos ámbitos: apoyo a personas mayores, migrantes, enfermos, niños en situación de exclusión, personas sin hogar, víctimas de adicciones... En cada intervención, lo que buscan no es solo resolver un problema, sino acompañar. Juan Manuel lo resume así: «La clave es mirar a cada persona como un hermano, no como un expediente».
Una de las prácticas que más valora es el encuentro personal. No se trata solo de dar, sino también de recibir. Por eso explica que, a veces, piden a las personas que ayudan que recen por ellos. «Eso transforma el vínculo. Ya no soy el que da y el otro el que recibe. Somos dos personas que se encuentran en Dios».
También insiste en que los voluntarios deben tener una vida espiritual sólida. La formación, la oración, la reflexión en comunidad son pilares del compromiso vicentino. «La oración es inseparable de la acción. No somos sólo agentes sociales, somos testigos del Evangelio».
En cuanto a la estructura de la organización, destaca que funciona como una confederación: cada país tiene autonomía, pero todos comparten una misma espiritualidad. Entre sus referentes, Juan Manuel menciona con cariño a Santiago de Masarnau, el introductor de la Sociedad en España, a quien define como un modelo de laico comprometido, culto y profundamente creyente.
Sobre el futuro, el presidente es claro. Su deseo es que la Sociedad de San Vicente de Paúl siga creciendo sin perder su alma. Frente a la tentación de profesionalizarse en exceso, su apuesta es mantener el estilo sencillo y cercano que los ha caracterizado desde el inicio. «Nuestro lugar está al lado del pobre, no en los despachos», afirma con convicción.
En definitiva, la entrevista ofrece un testimonio sereno y apasionado. El presidente de la Sociedad de San Viente de Paúl no idealiza ni dramatiza, pero recuerda con fuerza que la caridad cristiana sólo tiene sentido si se vive como una vocación espiritual. La ayuda que ofrecen es importante, pero lo esencial es el modo en que se entrega: con fe, con cercanía, con humildad, y siempre con el Evangelio en el corazón.
Puedes leer la entrevista completa en El Debate pulsando aquí.














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