Santiago Masarnau Fernández (1805-1882) fue una figura polifacética cuya vida combinó la brillantez musical con un compromiso inquebrantable con la justicia social y la fe. Su legado no es sólo el de un reconocido compositor y pianista, sino también el de un devoto vicentino que trajo a España la Sociedad de San Vicente de Paúl. La vida de Masarnau es un testimonio de la armoniosa mezcla de pasión artística y servicio compasivo, encarnando el espíritu vicenciano tanto en su música como en su labor caritativa.
Primeros años y trayectoria musical
Nacido en Madrid el 10 de diciembre de 1805, Masarnau creció en el seno de una familia culta y educada que alimentó su precoz talento musical. Desde su infancia, sus prodigiosas habilidades fueron manifiestas. Estudió con músicos de renombre y pronto obtuvo reconocimiento como virtuoso del piano. Ya en su adolescencia había actuado para la realeza española, asegurándose un prestigioso puesto en la corte real.
La pasión de Masarnau por la música le llevó a ampliar sus estudios en el extranjero. Viajó a París y Londres, epicentros de la música europea, donde se sumergió en sus animadas escenas culturales. Entabló amistad con grandes figuras de la música como Chopin y Alkan, perfeccionó su estilo y compuso piezas caracterizadas por su profunda resonancia emocional y su brillantez técnica. Sus nocturnos y scherzos, influidos por el movimiento romántico, reflejan tanto la energía como la introspección de la época.
Sin embargo, sus viajes no se limitarían a la música. Fue testigo de la cruda realidad de la industrialización: la creciente brecha entre ricos y pobres y las luchas sociales a las que se enfrentaba la clase trabajadora. Estas experiencias plantaron las semillas de su creciente sensibilidad social y marcaron el comienzo de una transformación que más tarde definiría su vida.
Renacer espiritual y vocación vicentina
El punto de inflexión llegó a finales de la década de 1830, cuando Masarnau experimentó un profundo despertar espiritual. En París conoció la recién fundada Sociedad de San Vicente de Paúl, inspirada por Federico Ozanam. La misión de la Sociedad —servir a Cristo mediante actos personales de caridad— caló hondo en Masarnau. Se hizo miembro activo y dedicó su tiempo y sus recursos a ayudar a los pobres.
Este nuevo propósito transformó su vida. Masarnau se dio cuenta de que su talento musical, aunque notable, no era un fin en sí mismo. Empezó a verlo como un don divino, destinado a ser canalizado hacia una causa mayor: aliviar el sufrimiento de los más vulnerables. Su fe, antes un asunto privado, se convirtió ahora en la fuerza que guiaba sus acciones.
En 1843, Masarnau regresó a España con una misión renovada: establecer la Sociedad de San Vicente de Paúl en su patria. Superando el escepticismo y la oposición de los círculos eclesiásticos más rígidos, promovió incansablemente los valores de la Sociedad. Fundó la primera conferencia española en Madrid, inspirando a otros a unirse a la causa. Su carisma, humildad e inquebrantable fe atrajeron adeptos, y pronto la sociedad se extendió por toda España.
El liderazgo de Masarnau no fue meramente administrativo. Predicaba con el ejemplo, visitando a los enfermos, dando de comer a los hambrientos y ofreciendo consuelo a los olvidados. Su trabajo encarnaba el espíritu vicenciano de servicio personal y directo, tratando a cada persona con dignidad y amor, viendo a Cristo en el rostro de los pobres.
La mezcla armoniosa: Música y caridad
Masarnau nunca abandonó su música, pero ésta adquirió un nuevo significado. Sus composiciones se volvieron más reflexivas, impregnadas de la profundidad de su viaje espiritual. Actuaba en conciertos benéficos, utilizando su talento musical para recaudar fondos para las obras de la sociedad. Para él, la música ya no buscaba el aplauso o el reconocimiento; era una herramienta para elevar las almas y apoyar su misión.
También compuso música sacra, mezclando su estilo romántico con la temática religiosa. Sus piezas transmitían tanto la grandeza de su fe como la serena humildad de su labor caritativa, una dualidad que definió su vida. En sus últimos años, llegó a enseñar música a niños desfavorecidos, pues creía que la belleza y la cultura no debían ser privilegios reservados a la élite.
Legado y camino a la santidad
El legado de Santiago Masarnau perdura tanto en el mundo de la música como en el seno del movimiento vicentino. La Sociedad de San Vicente de Paúl floreció en toda España, proporcionando ayuda a miles de personas, testimonio de su inquebrantable compromiso y visión. Cada conferencia local que estableció se convirtió en un faro de esperanza, arraigado en la caridad personal y cara a cara que él defendía. Su insistencia en un servicio compasivo y respetuoso dejó una huella cultural duradera, fomentando un espíritu de empatía y solidaridad que perduró mucho después de su muerte.
La influencia de Masarnau se extendió más allá de España. Su correspondencia con vicentinos de toda Europa fortaleció los lazos internacionales dentro de la sociedad, fomentando un intercambio de ideas y estrategias que enriqueció el movimiento mundial. Fue venerado no sólo como organizador, sino también como guía moral, cuyo liderazgo suave pero decidido inspiró a innumerables personas a unirse a la causa. Sus escritos, reflexiones personales y discursos siguen resonando entre quienes buscan vivir una vida con propósito a través de la caridad.
En reconocimiento a su vida de heroica virtud, la Archidiócesis de Madrid inició su proceso de canonización en 1999. El 21 de enero de 2021, el Papa Francisco le declaró Venerable, marcando un paso significativo en su camino hacia la santidad. Este reconocimiento confirma lo que muchos ya creían: La vida de Masarnau fue un testimonio del Evangelio vivido tanto en la acción como en el espíritu. Su posible canonización no sólo honra su santidad individual, sino que pone de relieve la relevancia duradera de su mensaje: que la fe debe manifestarse a través de actos de amor desinteresado y compromiso inquebrantable con los necesitados.
La vida de Santiago Masarnau Fernández fue una sinfonía de talento, fe y compasión. Combinó su genio musical con un compromiso inquebrantable al servicio de los pobres, encarnando el espíritu vicentino en todos los aspectos de su existencia. Su paso de músico célebre a servidor desinteresado sigue siendo un ejemplo inspirador de cómo los dones personales pueden transformarse en instrumentos de un bien mayor. Su legado, consagrado tanto en el mundo de la música como en la misión permanente de la Sociedad de San Vicente de Paúl, sigue inspirando a generaciones a combinar sus pasiones con un propósito, armonizando la búsqueda de la belleza con la llamada a amar y servir a los más necesitados.
Cronología:
1805. El 10 de diciembre nace en Madrid Santiago Masarnau Fernández, son sus padres Santiago Masarnau Torres, natural de Copons (Barcelona) y Beatriz Fernández Carredano nacida en Omoño (Santander). El matrimonio tuvo tres hijos: Vicente, Dolores y Santiago.
1806. El padre es nombrado secretario de las Reales Caballerizas de Córdoba, bajo las órdenes del Conde de Miranda; ciudad en la que se instala toda la familia.
1808. Muere la madre, Dª Beatriz, en Córdoba. Poco después, debido a la invasión francesa, el resto de la familia se traslada a Granada. Santiago comienza a dar muestras precoces de su disposición para la composición e interpretación musical; recibiendo lecciones en estas disciplinas.
1814. Regreso de Fernando VII. La familia Masarnau se instala en Madrid. Al año siguiente el padre es nombrado secretario de la Mayordomía Mayor de Palacio, cargo que ocupa el Conde de Miranda, además recibe el título de Gentilhombre de Casa y Boca. Santiago continúa su formación musical, al tiempo que realiza sus estudios ordinarios en el Colegio de «‘Dª María de Aragón», regentado por los Agustinos. Más tarde, de 1820 a 1822, estudia matemáticas en los «Reales Estudios de San Isidro».
1819. En reconocimiento a sus dotes musicales, Santiago recibe el título de «Gentilhombre honorario de Casa y Boca»; con tan sólo 14 años de edad.
1823. En circunstancias poco claras, el padre pierde el favor de su protector el Conde de Miranda y del rey Fernando VII. Al mismo tiempo, por una Real Orden de 11 de noviembre de 1823, nuestro Santiago es desposeído de su título de Gentilhombre.
1825. Santiago Masarnau, que ha decidido seguir la carrera musical, marcha a París para completar su formación. Poco tiempo antes fallece su hermana Dolores. Allí conoce y trata a muchos exiliados españoles, entre ellos a José Melchor Gomis. Junto con él y Madame Josefina Laborde, forman un grupo musical y se trasladan a Inglaterra. En Londres Santiago recibe lecciones del famoso músico Cramer. Por estos años sus creencias religiosas tienen más de fundamento filosófico que de auténtico compromiso cristiano, aunque cumple con las obligaciones formales que tiene como católico.
1829. Santiago regresa a Madrid; al poco tiempo muere su querido padre. Queda en una situación de profunda tristeza y desorientación.
1833. Masarnau regresa a Francia y luego se instala en Londres. Ese mismo año, en París, el Beato Federico Ozanam y siete compañeros, todos ellos jóvenes estudiantes universitarios, fundan la Sociedad de San Vicente de Paúl, organizada en las «Conferencias de Caridad»; con el fin de la santificación de sus miembros por la práctica de la caridad y, principalmente, por la visita a los pobres.
1834. Se proclama en España, tras la muerte de Fernando VII, el «Estatuto Real». Santiago regresa a Madrid, imparte clases en el Conservatorio, escribe en «El Artista» y da conciertos.
1837. Regresa a Londres, pero allí encuentra un ambiente muy distinto al que vivió en años anteriores, por lo que decide volver a París. En esta ciudad se dedica a componer y dar clases de música y trata con Federico y Pedro Madrazo, allí residentes.
1838. Durante la cuaresma, Santiago Masarnau experimenta un cambio profundo en la vivencia de su fe. Su primer biógrafo lo llama «conversión». Una confesión general que culmina con una comunión el día 19 de mayo en la Parroquia de Nª Sª de Loreto, marcan definitivamente el rumbo de su vida.
1839. Después de una breve pertenencia a la Archicofradía del Sagrado Corazón de María, Masarnau conoce e ingresa en la Conferencia de San Luis d’Antin de París, donde ocupa el cargo de tesorero. De esta forma une, a su ya intensa vida espiritual (oración, frecuencia en los sacramentos, lecturas espirituales, etc.), una acción caritativa hacia los más necesitados que no abandonará nunca.
1841. Conoce en París a Juan Donoso Cortés, el testimonio de su vida provoca la conversión del político extremeño, según el testimonio dado por Donoso en una carta dirigida a su amigo Alberich de la Blanche, marqués de Raffin, fechada el 28 de julio de 1849.
1843. Santiago Masarnau regresa definitivamente a Madrid. Llamado por su hermano Vicente que le quiere como Vicedirector y profesor de música en el colegio que ha establecido en la C/Alcalá nº 27. Proclamada Isabel II reina de España, D. Santiago Masarnau es repuesto en su título de Gentilhombre de Casa y Boca.
Su vida espiritual sigue siendo de primer orden, al mismo tiempo desarrolla una intensa labor caritativa en diversos establecimientos madrileños: Hospicio, Casa de Misericordia de Santa Isabel, etc. Recibiendo indicaciones de sus antiguos consocios franceses para que funde la Sociedad vicentina en España. Él por su parte, con prudencia y tenacidad, tantea el terreno y trata de superar las dificultades que lo impiden.
1849. El 11 de noviembre, Santiago Masarnau funda la Sociedad de San Vicente de Paúl en España. Son socios cofundadores Vicente de la Fuente y Anselmo Ouradou. Poco después se uniría Pedro Madrazo.
1850. La Sociedad de San Vicente de Paúl obtiene la aprobación eclesiástica en la Archidiócesis de Toledo, de la que Madrid forma parte en ese momento. Más tarde sería reconocida por el resto de las diócesis españolas.
1851. Por Real Orden del Ministerio de Gracia y Justicia, se obtiene la aprobación civil, que sería nuevamente reconocida por el Ministerio de Gobernación en 1856. El 8 de diciembre se celebró la primera Junta General reglamentaria. Desde ese momento la Sociedad vicentina experimenta un crecimiento espectacular en toda España. En 1856 comienza la publicación del Boletín de la Sociedad y también cuenta con la presencia y apoyo del Arzobispo de Cuba y Confesor de la Reina: San Antonio María Claret.
1866. Santiago Masarnau recibe la asignación de una plaza de Gentilhombre en la Casa Real, dotada con un sueldo anual de 1000 escudos. Le escribe a la Reina agradeciéndole el honor recibido, pero renunciando a la misma debido a que «consagra todo su tiempo al desempeño del cargo que tiene en la Sociedad de San Vicente de Paúl y del cual no cree poder prescindir…»
1868. Por Decreto de fecha 19 de octubre: «Quedan disueltas las Asociaciones conocidas con el nombre de Conferencias de San Vicente de Paúl. Los gobernadores civiles se incautarán de todos los documentos y fondos». Firma el Decreto Romero Ortiz, Ministro de Gracia y Justicia. Don Santiago recibe esta dura medida con su ecuanimidad acostumbrada. Algunas voces autorizadas se levantan en defensa de la Sociedad, entre ellas la de Concepción Arenal. Durante este periodo de prueba, Masarnau y sus más fieles colaboradores continúan su labor caritativa de forma callada y discreta.
1875. Por dos Reales Ordenes, una vez restaurada la monarquía constitucional en la persona de Alfonso XII, se restablecen legalmente «Las sociedades piadosas de San Vicente de Paúl, siendo el objeto de ellas benéfico e inspirado en puros sentimientos religiosos».
1882. La mala salud de Don Santiago le hace presentar su dimisión como Presidente de la Sociedad en España. Le sucede en el cargo D. Luis de Tapia y Parrella. El 14 de diciembre, rodeado de amigos y pobres, fallece Masarnau, tenía 77 años de edad y habían pasado 33 años desde la fundación de la Sociedad en España.
Se publican numerosos testimonios sobre su virtud y vida ejemplar por parte de algunas personas que le trataron durante muchos años.
1905. Se conmemora el centenario de su nacimiento, publicándose, entre otras muestras de admiración y respeto, la que hasta hoy es su biografía más extensa y completa. El autor de la misma es el ilustre polígrafo mallorquín José María Quadrado.
1996. Los restos de D. Santiago son trasladados del cementerio de la Sacramental de San Justo al Templo de la Sociedad, c/ Verónica 11, Madrid.
1999. El 5 de junio, comienza el proceso Diocesano para la Causa de Canonización del siervo de Dios Santiago Masarnau.
2000. Se cerró el proceso de canonización en su fase diocesana.
2009. Los peritos históricos de la Congregación de la Causa de los Santos en Roma dieron el visto bueno a la Positio.
2021. El 21 de enero, el Papa Francisco promulga el decreto por el que Santiago Masarnau es declarado Venerable.








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