Pastoreando eternamente (Juan 10,27-30)

por | May 30, 2025 | Formación, Reflexiones, Thomas McKenna | 0 Comentarios

El Señor Jesús tiene sus escenas favoritas. La primera de la lista es la del pastor y la oveja, pero no cualquier pastor, sino el Buen Pastor. Es el Pastor que en tiempos de peligro no se aleja, el pastor fiel que no abandona a las ovejas.

A través de estas imágenes de ovejas y pastores, se entreteje el concepto de vínculo y conexión íntima, el bienestar de uno que se extiende al bienestar de todos. Esta es la realidad de la inclusión, la promesa de ser acogido en una relación sostenida, fiable, sólida y mutua.

En el décimo capítulo de Juan, Jesús expone este vínculo resiliente de tres vías: entre estas ovejas errantes (nosotros); el Pastor bueno y digno de confianza (Jesús mismo); y el Padre de Jesús, que es Dios Padre.

Estas son las afirmaciones que hace:

– «Yo doy a mis ovejas la vida eterna. Nadie puede arrebatármelas de la mano».

– «Mi Padre me ha dado estas ovejas. Y nadie puede arrebatárselas de la mano».

– «El Padre y yo somos uno».

Lo que sucede en un miembro se transmite a todos los demás. Y lo que está sucediendo bien podría describirse como «poder y presencia».

Como pastor, Jesús está compartiendo su capacidad salvadora con todos nosotros, extendiendo su presencia sanadora por todo el rebaño. Y deja claro que su presencia y su poder son también los de su Padre. Los tres, la oveja, el pastor y el Dios del pastor, están entrelazados en una sola vida.

¿De qué manera puede influir todo esto en nuestras vidas, como creyentes en Jesús y en su Padre? Surgen muchas dimensiones, pero una en particular se destaca en el evangelio de Juan: la seguridad de Jesús de que «Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás».

El que pastorea ejercerá ese pastoreo para siempre, conduciéndonos a la eternidad. En el momento de nuestro fallecimiento, Él y su Padre no nos abandonarán. El vínculo que nos une en la vida permanecerá y se hará aún más fuerte después de que nuestra vida terrena llegue a su fin. El Buen Pastor sigue pastoreando durante toda la existencia y, sobre todo, más allá de la muerte.

Su presencia solícita no es sólo un anhelo, una vaga esperanza, una suposición casual de que las cosas saldrán bien. Su vínculo con el rebaño es eterno.

Para animar a Sor Magdalena Mongert, Luisa de Marillac cita al Buen Pastor, que lo da todo por el bienestar de su rebaño:

¿Está usted muy animosa? ¿Hace como el Buen Pastor que expone su vida por el bien y conservación de las ovejas que tiene a su cargo? (Carta a Sor Magdalena , de septiembre de 1644).

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