“Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya”
Hech 16,1-10; Sal 99; Jn 15, 18-21.
Permancer en Jesús hace que nos identifiquen con él; por supuesto, muchas veces nos tratarán como a él. Él nos llama, nosotros le seguimos; él nos escoge y nosotros permanecemos en él para dar fruto abundante. Por ello Jesús nos aclara que nos ha sacado de nuestra comodidad y confort, de esta manera ya no procedemos de la misma forma que lo hace el mundo. Nos hace ser concientes que el mundo rechaza a sus disípulos y a los que le siguen, “por eso el mundo los odia”. Si a Jesús lo odian, nos odiaran, si lo persiguen a él, nos perseguiran a nosotros, si buscan derrotarlo, buscaran derrotarnos. ¿Por qué todas estas reacciones? Porque Jesús nos ha llamado a ser participes de su vida y su misión, llevar la buena nueva a los hermanos, sobre todo a los alejados de este mundo. Lo hacen porque aún no conocen a Jesús y, por tanto, no conocen al que lo ha enviado.
Lo que debemos de reforzar y seguir renovando es la Certeza de que esta llamada y encuentro ha sido de corazón a Corazón.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Irving Gabriel Amaro R. C.M.













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