“Hasta entonces no habían entendido las Escrituras: Jesús debía resucitar de entre los muertos“
Hech 10, 34. 37-43; Sal 117; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9.
Llegamos a la cumbre del peregrinar. Frente a nosotros yace el premio, el galardón anhelado que consiste en la Resurrección. Hemos llegado porque Jesucristo ha llegado y nos comparte su victoria. Toda la liturgia, todos los símbolos, todos los preparativos y todas las celebraciones han tenido la intención de colocar al centro la Resurrección del Señor.
Cantamos, nos arrodillamos, nos emocionamos, sentimos desplegar nuestro espíritu porque nuestra fe se levanta victoriosa. Lo que muchas veces nos parecía fugaz y sin mérito, efímero y diminuto, ahora manifiesta su mayor sentido.
Caminar tras las huellas del Crucificado ofrece la esperanza de resucitar con él. Apostar por un mundo de relaciones nuevas que se tejen desde la fraternidad y la ayuda mutua; la compasión y el amor nos ponen en camino de vencer, con Cristo, el mal que aniquila la vida. Por eso nuestra esperanza no queda defraudada; por eso anhelamos encontrarnos con Aquel que nos ha amado primero y festejar con Él su victoria.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Emmanuel Velázquez Mireles C.M.








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