El 28 de enero de 1840, la Santísima Virgen se apareció a sor Justine Bisqueyburu, de las Hijas de la Caridad de París. Así comenzó una serie de visitas que culminaron con un regalo especial de María: el Escapulario Verde. En la presentación que figura a continuación se describe este hecho.
Descargar como PDF Descargar como Power PointTambién es interesante conocer mejor la vida de sor Justine. Era enérgica e inteligente, viajó fuera de su país y tuvo la capacidad de liderazgo necesaria para dirigir un hospital militar durante nueve años.
Cuando estaba en el Seminario, cuando tomó el hábito por primera vez, se escribieron estos comentarios sobre ella:
Sor Bisqueyburu (Justine). Alta. Sabe leer, escribir, calcular, conoce la gramática. De carácter afable. Es sensible, tiene juicio y una ardiente imaginación. Hábil, inteligente, valiente, piadosa y virtuosa. Apta para la escuela.
He aquí otros extractos seleccionados de una biografía escrita 20 años después de su muerte por el Padre Marie Edouard Mott, C.M.:
…su primer destino al salir del Seminario fue el de maestra de escuela en Blangy, pequeña localidad situada en el departamento del Bajo Sena. Sin embargo, no permaneció allí mucho tiempo, ya que en 1841, la hallamos en la Casa de la Caridad de la parroquia de Notre-Dame en Versalles, donde permaneció hasta 1855. Allí emitió sus primeros votos. Allí también tuvo la oportunidad de dedicarse sin reservas a la práctica de la caridad, revelando la extraordinaria aptitud con la que estaba dotada para el cuidado de los enfermos.Cuando estalló la guerra de Crimea en 1854 y las autoridades militares hicieron una petición a la entrega de las Hijas de la Caridad para atender a los soldados heridos en el campo de batalla, la Superiora accedió rápidamente a su deseo manifiesto de ser destinada a ese fin. Partió para Constantinopla en 1855 con las demás Hermanas dedicadas a las mismas funciones caritativas y, como ellas, se consagró sin reservas a esta obra. La abnegación de las Hijas de la Caridad en la penosa labor de las ambulancias, despertó un admirable entusiasmo en cuantos la presenciaron sin distinción de religión o nacionalidad, y provocó una generosa imitación, incluso entre cismáticos y herejes.
Fue trasladada al hospital militar de Val de-Grace, en París (un antiguo convento benedictino, el «Valle de Gracia»), donde permaneció dos años. Una de las Hermanas que vivieron con ella en aquella época y que más tarde estuvo bajo sus órdenes en Roma —Sor Bergasse— testificó que estaba profundamente dedicada a sus enfermos y que poseía todas las cualidades de una verdadera sierva de los pobres.
Cualidades tan preciosas como las suyas convencieron a las Superioras para ponerla al frente de un establecimiento. El primero que se le confió, en 1858, fue el Hospital Militar de Rennes […] En Argel, fue puesta al frente del Hospital Militar del Dey, una casa muy importante que requería una mano segura y firme para dirigirla, junto con un corazón bondadoso y maternal que se guiara por un juicio correcto. Sor Bisqueyburu se mostró a la altura de su tarea durante los nueve años que ocupó este cargo, de 1858 a 1867.
Una de sus compañeras, que tuvo el gran privilegio de pasar siete años bajo su dirección en Argel, (la Hermana Naude) y que llegó a ser Superiora de una importante casa en tierras extranjeras, nos dio la siguiente declaración de esta época de su vida con fecha de 22 de marzo de 1907, menos de cuatro años después de la muerte de la Hermana:
«La primera siempre en el cumplimiento del deber, nos superaba en la práctica de la humildad y la mortificación».
«Bajo una apariencia exterior austera se escondía una gran bondad de corazón. La enfermedad de una de sus compañeras fue para ella una prueba sumamente dolorosa y cuando la enferma murió, estaba inconsolable».
«Para nuestros venerados Superiores tenía un respeto y una obediencia inspirados por su gran espíritu de fe y era pronta en ejecutar no sólo sus órdenes, sino su más mínimo deseo. Asimismo, las autoridades civiles, los militares, los médicos y los administradores depositaban en ella toda su confianza».
«En sus comienzos, pasó por numerosas dificultades, hallándose en pugna con muchos prejuicios que logró superar, ajustándolo todo con mucha sabiduría y firmeza, pues supo convertir los ánimos de los más opuestos a ella en admiración por su vida virtuosa y santa. La necesaria entereza era fruto de su sólida piedad, de su confianza sin reservas en Dios y de su tierna devoción a la Santísima Virgen. Pero nada hacía sospechar que hubiera sido objeto de favores sobrenaturales».
Lea o descargue en PDF la biografía completa (en inglés) en greenscapular.com.













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