“Postrándose le adoraron y abrieron sus tesoros”
Is 60, 1-6; Sal 71; Ef 3, 2-3. 5-6; Mt 2, 1-12.
Todavía como un eco de la fiesta de Navidad, celebramos hoy la Epifanía. El niño, María y José, después de la visita de los pastores, recibieron la de estos misteriosos y encantadores personajes: los Magos de oriente.
Vienen de tierras lejanas, de todos los puntos cardinales, de los lugares más recónditos de la tierra a contemplar un acontecimiento que los llena de alegría. Estos personajes nos representan a todos, hombres y mujeres de todo lugar y de todos los tiempos, que somos invitados a alegrarnos por el nacimiento de Jesús, a postrarnos ante él, adorando y acogiendo el misterio de la presencia amorosa de Dios en Jesús, y a ofrecerle nuestros tesoros: el tesoro de nuestra vida, nuestras fuerzas, nuestras capacidades, nuestros sueños, nuestras fuerzas… para que, en Él y por Él, todos nos vayamos uniendo en la construcción del Reino.
¡Ahí estoy yo! ¡Ahí estás tú! Postrados, fascinados ante la grandeza del misterio: el amor infinito de Dios cabe en este pequeño y frágil recién nacido. En él, la humanidad podrá encontrar nuevos horizontes.
Acoge este misterio de amor.
¡A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su mensaje! (Sal 18).
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón Soltero, C.M.








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