Desde un punto de vista vicenciano: Un regalo para todo el mundo

por Pat Griffin, CM | Ene 4, 2025 | Formación, Patrick J. Griffin, Reflexiones | 0 comentarios

El Evangelio de Mateo destaca especialmente a Jesús como aquel que cumple las promesas hechas al pueblo de Israel. Esta realidad puede evidenciarse de diversas maneras, como se aprecia en el uso que Mateo hace del Antiguo Testamento, en su atención a las celebraciones del judaísmo, en el énfasis que pone en Jesús como «rabbi» y de otras distintas maneras. Sin embargo, el evangelista también señaló que el mensaje de Jesús era universal y para todos los pueblos. Este tema recibe un tratamiento especial en el pasaje del Evangelio que escucharemos el domingo de Epifanía.

La historia es la conocida narración navideña de los Reyes Magos. Diversas tradiciones han cifrado en tres el número de estos Magos, les han dado nombres y los han convertido en reyes. Muchos prefieren pensar en ellos únicamente como sabios o astrónomos/astrólogos que, en su estudio de los cielos, vieron una estrella que apuntaba a un acontecimiento trascendental. Esta estrella les lleva a Jerusalén y a Herodes, a la revelación bíblica hecha al pueblo de Israel y, en última instancia, a Jesús. Sin embargo, un elemento importante de estos Magos es que proceden de Oriente. Son gentiles que vienen a dar reverencia y regalos apropiados al rey recién nacido. Junto con el oro y el incienso, de los que hemos oído hablar en la lectura de Isaías, traen también mirra, y «se postraron [ante Jesús] y le rindieron homenaje». No sólo Israel, sino el mundo entero necesita reconocer y adorar al hijo de María.

El Pueblo Judío es el «Pueblo Elegido». A lo largo de su historia, sin embargo, el pueblo de Israel ha reconocido que las bendiciones que se le habían concedido no eran sólo para ellos, sino que estaban destinadas a ser una bendición compartida con todos los pueblos a través de ellos. Isaías hace hincapié en ello en la primera lectura de este próximo domingo.

La solemnidad de la Epifanía celebra ese mismo punto, pero a la luz del misterio de Cristo: la revelación de Cristo es una bendición, no sólo para la comunidad cristiana, sino para el mundo entero. Nacido en el seno de una familia judía en el Israel del siglo I, Jesús se revela como Salvador para todos los hombres y para todos los tiempos. Todos encontraron acogida en torno a su cuna en el momento de su nacimiento; todos necesitan encontrar acogida en torno a su mesa hoy. Nuestras iglesias deben ser lugares donde personas de toda condición se reúnan como iguales para reverenciar la presencia de Dios entre nosotros, manifestada en la palabra, los sacramentos y la comunidad. En Cristo todos somos uno.

Esta revelación ha de ser difundida en nuestra sociedad. No buscamos discusiones que ganar ni posiciones que defender a ultranza, sino un testimonio que dar y una conversación que fomentar. Cuando los magos se dirigen al pesebre, los acogemos con afecto fraterno, aceptamos los dones que traen y les hacemos partícipes de nuestras bendiciones de fe. En la celebración de la Epifanía, abrimos los ojos a las formas en que el Señor sigue manifestándose a nosotros, y aceptamos la manera en que necesitamos compartir esta revelación unos con otros. Ése es el verdadero sentido de la Epifanía. El niño Jesús es un regalo para todo nuestro mundo.

 


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