“Levanten la cabeza, porque se acerca su liberación”
Ap 18, 1-2. 21-23; 19, 1-3. 9; Sal 99; Lc 21, 20-28.
En el Evangelio de hoy Jesús nos muestra los signos de la destrucción de Jerusalén, signos cuyo cumplimiento podemos constatar en los libros de historia. Y es que la falta de reconocimiento del reinado de Jesús y, por ende, el no vivir su palabra ni acoger sus mandatos, nos lleva a la destrucción de nuestra vida, de nuestro futuro, repitiendo la historia una y otra vez en las familias, las comunidades y en nuestra propia vida.
Hoy celebramos a Santa Catalina Labouré quien supo descubrir el reino de Dios de la mano de nuestra Madre Milagrosa. Nació mientras sonaba el Ángelus el 2 de mayo de 1806. A los nueve años su madre murió. Después de su entierro, la pequeña Catalina se retiró a su cuarto, se paró en una silla, tomó de la pared una imagen de Nuestra Señora, la besó y dijo: “Ahora, querida Señora, tú serás mi madre”.
Catalina fue elegida por nuestra María, se le manifestó y le encargó la misión de acuñar y propagar la devoción de la Medalla Milagrosa, la cual continúa extendiéndose hoy por el mundo entero.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autores: Juan Francisco Cervantes y Sandra Pinedo, de la Sociedad de San Vicente de Paúl








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