Alimento para el alma: El beato Federico Ozanam
«SI HE PODIDO VER MÁS ALLÁ, ES POR HABERME SUBIDO A HOMBROS DE GIGANTES».
– SIR ISAAC NEWTON
La visión de la Sociedad y la realidad de su fundación no fueron obra de una sola persona. Si bien se hace hincapié en el importante papel que desempeñó Federico Ozanam, es igualmente importante reconocer que se formó gracias a otras personas que caminaron junto a él, ya fuera durante algún tiempo o durante toda su vida. Además, otros jóvenes se unieron inicialmente a él para fundar la Sociedad, que a su vez ejercieron una poderosa influencia en Francia a lo largo de sus vidas.
Las amistades estrechas y duraderas cimentaron la vida espiritual de Federico, a la vez que posibilitaron e inspiraron su obra. Durante su época de estudiante en el Colegio Real de Lyon, Ozanam conoció al abate Noirot, que fue su maestro, mentor y director espiritual. A los dieciséis años, durante una época de fuertes cuestionamientos a su fe, encontró apoyo y guía en el bondadoso Noirot. En 1831, siendo un joven estudiante de Derecho en París, Ozanam conoció a André Ampere, el físico francés que fundó y dio nombre a la ciencia del electromagnetismo y cuyo nombre perdura en nuestro lenguaje cotidiano en la palabra amperio, la unidad de medida de la intensidad de la corriente eléctrica. A través de esta amistad, Ozanam se relacionó con François Rene de Chateaubriand, el principal intelectual público católico y escritor romántico de la época. Su libro, El genio del cristianismo, inició un renacimiento religioso en Francia que hizo que muchas personas se reencontraran con su fe mediante la participación en grupos religiosos, entre ellos la Sociedad. La personalidad de Ozanam floreció gracias a esas amistades, y sus contemporáneos llegaron a describirlo como ardiente, amable y celoso.
Sabemos que la primera Conferencia no fue un esfuerzo individual. A Federico Ozanam se unieron François Lallier, Jules Devaux, Félix Clavé, Auguste Le Taillandier y Paul Lamache. La reunión se celebró en la oficina del periódico La Tribune Catholique, que dirigía Emmanuel Bailly, que también se unió a la primera reunión.
François Lallier llegó a ser un magistrado, escritor y científico muy reconocido, que recibió del Papa Pío IX el título de Caballero de San Gregorio Magno y la Cruz de la Legión de Honor, la más alta orden francesa al mérito militar y civil. Auguste Le Taillandier llegó a ser director regional de una de las compañías de seguros más antiguas y distinguidas de Francia en Ruán, gozaba del aprecio de sus conciudadanos y recibió numerosos títulos honoríficos. Paul Lamache, el miembro más longevo de aquella primera Conferencia, fue un abolicionista declarado, magistrado, profesor de Derecho y orgulloso miembro de la Conferencia hasta su muerte. La mayoría siguieron vinculados a las Conferencias y a la Sociedad en el momento de su muerte. Por último, recordamos el papel crucial que desempeñó Emmanuel Bailly en el apoyo a la Sociedad en sus inicios. Aunque vivió una vida complicada y tumultuosa, su servicio como primer Presidente de la Sociedad influyó en las configuraciones y operaciones de la Sociedad que continúan hoy en día. Es justo que se le recuerde por su perdurable legado de mentoría y liderazgo.
Al recordar a Federico Ozanam, también es importante reconocer a la comunidad de personas que le rodearon. Sus vidas son los cimientos de la Sociedad. Estamos a hombros de gigantes.
De: Firewood for the soul, vol. 2, A Reflexion Book for the Whole Vincentian Family
Sociedad San Vicente de Paúl, Queensland, Australia.
Texto de: Samantha Hill y James Hodge.















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