Humildad, sencillez, verdad y libertad

por | Ago 25, 2022 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el más pobre de los pobres en los cuales fija Dios los ojos por la sencillez, la humildad y la reverencia que manifiestan ellos.

¿Le molesta a Jesús que le espíen sus comensales, los principales fariseos, y quizá aun el que le ha invitado?  Si se ve molesto Jesús, se deberá a que busque aprovechar el momento para enseñarles la humildad y otras cosas.

Sea lo que sea, él se conoce, por cierto, a sí mismo.  Conoce quién es él y lo que es él; ve lo veraz y sólido que es.  Y sabe también que no es menos porque en él pone lenguas uno.  Ni es más porque de él se hace lenguas otro.  Es decir, no le falta aplomo a Jesús.  Pues no tiene nada que perder ni ganar, ni «rentas, ascensos y seguridades», por usar una frase de Jaime Corera (QDEP).  Es libre Jesús.  Y nada le turba ni espanta.

Y es por eso también que Jesús corrige a los que comen con él.  Demuestra, por medio de un ejemplo, que mejor le resultará a un convidado escogerse el último puesto.  Vale, sí, la pena mostrarse humilde, aun sea no más para no terminar avergonzado.

Esa humildad, sí, es egoísta.  Pero hay humildad abnegada.  Y ésta se nos enseña para que seamos al igual que nuestro Padre del cielo.  Es la humildad que bien claro se ve en Jesús.

Humildad que no se ha visto jamás

Aunque es Dios, Cristo no se jacta de serlo.  Más bien, se hace hombre para servir.  Y aún más humilde se muestra al morir en la cruz.

Y tal humildad da a conocer la humildad de Dios.  Él reina allá en lo alto, pero se abaja para socorrer al pobre.  Nos da la mano para levantarnos de la miseria, sacarnos de las afueras y darnos puesto en su reino.  Su soberanía sobre todos le hace perdonarlos a todos, juzgar con moderación y regir con compasión.  Así se nos enseña que ser justo es ser amable, y también se nos da esperanza a los pecadores.

Por lo tanto, el Dios vivo, al monte del cual nos acercamos, no es el dios que nos forjamos a semejanza nuestra.  Ese dios, prepotente e intocable, es igual que nosotros, los que buscamos dominar a los demás.  Los que tenemos sed de poder y riqueza.

Y está de más decir que nos toca ser buenos, humildes, sencillos, veraces, sólidos y libres como lo es Dios.  Y es por eso que hemos de convidar a los pobres, lisiados, cojos, ciegos, a los que no nos pueden pagar.  Pero se nos pagará cuando Dios sea todo en todos.  Cuando se nos dé a conocer de modo pleno que las virtudes de Dios que procuramos hacer nuestras ya son en sí una recompensa.

De la misma forma, si nos hacemos  prepotentes, intocables, déspotas, justicieros, severos, ostentosos y codiciosos al igual que nuestros ídolos, ¿no será esos vicios nuestro castigo?

Señor Jesús, concédenos tu amor inventivo por el que nos das, con humildad, tu cuerpo como comida y tu sangre como bebida (SV.ES XI:65).

28 Agosto 2022
22º Domingo de T.O. (C)
Eclo 3, 17-18. 20. 28-29; Heb 12, 18-19. 22-24a; Lc 14, 1. 7-14

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