Justicia, ¡Oh, Señor!

Señor, desde este rincón,
creado en mi mente,
no hablo de rodillas
porque ni mi alma me sostiene.

Señor, tú has resucitado,
yo aquí dando mi martirio
y aún así me han derrotado.
Señor, tómame en tus manos;
solamente te pido un descanso,
que mis niños duerman una noche sin reparo.

Señor ¿Cuándo la Justicia tendrá ojos para ver
que mis niños merecen una sonrisa?
Caminar sin ser perseguidos,
dejar la mochila llena de penas
¿Y yo acaso no tengo derecho
a verlos soñar en tranquilidad?

Desde el 2010 vengo
con el alma en pena,
dejando mis jirones
para que mis niños puedan caminar
de juzgado en juzgado.
Con la manipulación a la justicia
el juez nunca ha juzgado
más que el manojo de billetes
que la injusticia le ha donado.

¿Dónde está la justicia
que nunca se enteró de la verdad?
Que solo cree el cuento
de ese corazón negro
que se goza de nuestra miserable vida.

No me quejo de ser pobre;
es mi orgullo y satisfacción
trabajar para los niños.
Señor resucitado,
envía un respiro a este hijo tuyo,
que también es padre,
pero las leyes de esta tierra
lo llevan crucificado.

Gota a gota derramando mi sangre
entre demandas y juzgados,
y mis niños entre psicólogo y psicólogo.

Señor resucitado,
¡Haz que la justicia
abra los ojos
y que sus oídos
escuchen la verdad!

Judith Melaine Guerra de Agreda.
SSVP, El Salvador.

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