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Día de los Caídos tras los tiroteos masivos
Todo esto con el telón de fondo de una festividad estadounidense que llamamos Día de los Caídos [Memorial Day]. Originalmente invitaba a una seria reflexión sobre aquellos que pagaron el precio supremo por lo que creían, durante nuestra Guerra Civil. Hoy la realidad parece más centrada en el ansiado comienzo de las vacaciones y celebraciones al aire libre.
La cuestión vicenciana
Complica aún más las cosas el temor de que, una vez más, "nadie" haga nada significativo. "Ellos" deberían hacer algo, ¡cualquier cosa! Pero ahora me miro en el espejo y me hago una pregunta muy personal. Sabemos que san Vicente de Paúl tuvo la valentía de preguntarse "¿Qué debo, puedo, hago para cambiar todo lo que veo?" ¿Qué está a mi alcance? En ese espejo, veo a la única persona que puedo controlar. Entonces, ¿qué puedo hacer? Lo primero que puedo hacer es hacer balance. La conocida oración de la serenidad me ayuda a centrarme.Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia.Estas palabras me ayudan a abrir mi corazón en la oración, para hacer lo que puedo y debo hacer.
Un enfoque vicentino para este Día de los Caídos
El diácono Greg Kandra ha compartido una oración que me habla al corazón y pone palabras en mi boca. Permítanme compartir lo que escribió en el contexto de un servicio de oración interconfesional hace unos días (me he tomado la libertad de sustituir "yo" por "nosotros").Dios todopoderoso, he rezado por la paz durante mucho tiempo; vengo de nuevo a suplicar en este momento de dolor y ansiedad: que haya paz. Ayúdame no sólo a ser un instrumento de tu paz, ayúdame a ser un instrumento de justicia. Guíame para ser una persona de compasión, de tolerancia, de comprensión. Haz de mí un instrumento de esperanza.
Continúa:
En el amanecer de los tiempos, clamaste: "Que se haga la luz". Que ahora yo sea luz en nuestro mundo oscuro y desesperado. Ayúdame a dispersar las sombras del miedo y la desconfianza, de la ira y el odio. Concédeme la gracia de curar lo que está herido, de reparar lo que está roto, de fortalecer lo que es débil, y de levantar a todos los que se sienten olvidados, dolidos y solos. Dios bueno y magnánimo, ayúdame a continuar tu creación para que pueda dejar tras de mí un mundo mejor, un mundo como el que soñaste por primera vez, un mundo de solidaridad y de paz, un mundo renovado por la luz ardiente e intrépida de la esperanza. Amén.Así que ahora me pregunto cómo puedo ser constructor de
- paz,
- justicia.
- esperanza.
- curar lo que está quebrado,
- reparar lo que está roto,
- fortalecer lo que es débil,
- levantar a todos los que se sienten olvidados, heridos y solos.
¿Qué está en tu mano hacer?
¿Te comprometerás a hacerlo?
Publicado originalmente en Vincentian MindwalkTags:
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