Abramos la boca

por | Ene 20, 2022 | Formación, Reflexiones, Víctor Martell | 0 comentarios

Estaba leyendo un artículo del Padre Freud en Famvin y me inspiró a hacer este articulo, para ver si los cristianos despertamos y comenzamos a abrir la boca.

Comentando precisamente sobre este particular en mi grupo Vicentino, me dijo una hermana que para ella se le hacía muy difícil hablar en público y mucho menos tratar de evangelizar. Le expliqué a esta hermana que los grandes oradores cristianos, e inclusive cuando el padre en la misa hace su homilía, está inspirado por el Espíritu Santo y si ella antes de hablar, se pone en manos del Espíritu,  las palabras brotarán de su boca como un manantial de agua viva. Me ha tocado ver en reuniones carismáticas cómo personas sin educación han comenzado a hablar en lenguas extranjeras y luego no se acuerdan de lo que dijeron.

Nosotros tenemos la obligación de salir de nuestros ministerios y hablar a la gente, tenemos que llevar la palabra de Dios ha todos los hogares, cristianos o no, sin ninguna vergüenza porque estamos hablando verdades, no engañamos ni aseguramos la vida eterna si se hace católico, si estás en nuestra iglesia la vida eterna hay que ganársela, haciendo misiones de ayudas a los necesitados, y cuando hablo de necesitados no solamente me refiero a las ayudas monetarias sino a las ayudas espirituales como la drogaadicción, el alcoholismo, el juego que están acabando con nuestras posibilidades económicas y destruyendo nuestros hogares.

Vamos a conversar con los jóvenes en su idioma, no se les acerquen con la historia de que Dios castiga. Dios no castiga a nadie, al contrario nos ama, seamos como seamos, no vayamos a los extremos, mucho menos, hablarles con insultos y dándonos que porque tenemos más años sabemos más que ellos, perdonen pero he hablado con jóvenes que me han hecho preguntas que me han demostrado que ellos saben más que nosotros los viejos, porque están viviendo en un mundo moderno que nosotros no comprendemos. Es verdad, nosotros tenemos la experiencia de lo vivido; pero ellos en estos momentos de crisis mundiales están viviendo y luchando por no perecer en un mundo cada día más corrompido por nosotros mismos y ahora queremos que los jóvenes sean perfectos cuando nuestra enseñanza ha sido malograda por la ambición, la ceguera y las malas pasiones. ¡Cómo queremos que un joven no beba alcohol, si nosotros todos los fines de semana estamos de parranda, dando malos ejemplos!

«La historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad (cf. Jun. 15,12-17)»

Después que tengamos ese dialogo con ÉL, estaremos listos para poder llevar su palabra, sin alardes, callado y muy personal, a nuestra familia, a los vecinos, a los amigos, cuantas personas a nuestro lado que quizás necesiten que tu pongas la conversación, para que ellos cambien su actitud de ver la vida de otra manera. Olviden la frasecita “No hablemos de religión porque eso trae enemistades”. Y qué nos importa, para qué amigos que están dándoles malos ejemplos a nuestros hijos y a nosotros mismos, es mejor verlos de lejitos, eso sí respetemos sus creencias; pero llevemos la palabra de lo que te acuerdes y no tienes que decir en que salmo o capitulo lo aprendisteis, únelos con tu manera de hablar y así la Biblia se hace más personal.

Como decía mi abuela: el cielo no se gana con ir los domingos a la iglesia, ni rezar cuando tenemos un problema, que nosotros buscamos y ahora se lo  queremos echar a Dios, se gana ayudando a los que nada tienen y haciendo de su palabra un evangelio vivo, que llevaremos si mantenemos la boca abierta.

Por Víctor Martell

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