María y la Navidad

por | Dic 27, 2021 | Formación, Reflexiones | 2 comentarios

María aparece en la Navidad como mujer pobre, portadora de esperanza, signo y camino de la Navidad permanente.

Analicemos cuidadosamente, con imaginación creativa, desde el contexto evangélico en que aparece María, sus rasgos característicos.

1.- María.

A.- Aldeana sencilla y humilde, mujer de su casa: gana el pan con el sudor de su frente. Es considerada por todos como buena vecina: amable y servicial; la puerta de su casa está abierta a todos.

B.- Esposa fiel, pone el mayor esmero en agradar a su marido en todo: prepara comidas sabrosas y mantiene caliente y acogedor el hogar, poniendo el mayor cuidado en los mínimos detalles.

C.- Madre de familia, piensa como ninguna en el futuro de su hijo; ella misma le prepara para que sea fiel a su destino, rodeándolo de amor maternal, sin sentimentalismos ni ñoñerías, y dedicándole largos ratos de diálogo.

D.- Madre de Dios: madre de Jesús (Hijo de Dios) por naturaleza. Madre de Jesús, a título especial, por su fidelidad incondicional a Él: “Aquel que hace la voluntad de Dios es mi madre y mi hermano”.

E.- Madre nuestra: nos da al autor de la vida; atiende con solicitud maternal, investida de los poderes especiales que le confiere su Hijo, todas nuestras humanas necesidades.

2.- Mujer.

A.- Dotada como nadie de los más nobles distintivos femeninos, que constituyen el encanto de la mujer: belleza, ternura, feminidad, abnegación, espíritu de entrega y de servicio….

B.- La visita a su prima Isabel y las bodas de Caná hablan claro de la riqueza de su espíritu femenino.

C.- Receptora, portadora y alumbradora de la vida, elementos que constituyen los más altos distintivos del símbolo de la mujer.

3.- Pobre.

A.- Se encuentra entre el “pequeño resto de los pobres de Yahvé”, que se mantiene fiel a Dios en actitud de confiada espera del Libertador y Salvador de su pueblo.

B.- Se sabe necesitada, dependiente… de Aquel que constituye su TODO y su razón de vivir; se confiesa su humilde esclava, cuya voluntad se funde con la suya. Por eso acepta de antemano toda iniciativa del Amo y Señor de su vida: “Hágase en mi según tu palabra”

C.- Sin resabios ni orgullos camuflados proclama que su riqueza es su pobreza, su sumión y aceptación total de Dios: “Por eso me llamarán bienaventurada todas la generaciones”.

D.- Su canto “Magnificat” es el más bello poema de exaltación y de esperanza de los humildes y pequeños de la tierra.

E.- Vive la “pobreza de espíritu” en la realidad cotidiana y en el trabajo humilde y sencillo que rehúye toda situación de privilegio y acepta con alegría interior las penurias y limitaciones de la vida.

4.- Portadora de esperanza.

A.- Situada entre la espera y la esperanza, ella misma constituye el término de la espera y el alba esplendorosa de la esperanza cristiana: el cumplimiento de las promesas, largo tiempo suspirado por el pueblo fiel, se hace realidad gozosa en María.

B.- En María cobra vida la figura de “la Hija de Sión”, símbolo que expresa la verdadera esperanza del pueblo fiel, y que es, a la vez, y misteriosamente, Esposa, Madre, Virgen y morada de Dios.

C.- Esperanza que asume las esperanzas humanas y les da consistencia y brillo: constituye el mejor punto de apoyo para las más nobles aspiraciones de los humanos.

D.- Esperanza difícil, fundada en la fe, apoyada en la confianza y en el amor de Dios; entregada a los demás, acrisolada en las pruebas y dificultades: una esperanza que va más allá del fracaso y de la muerte.

E.- Esperanza que se hace solidaria en las luchas, problemas y conquistas humanas, que acepta el esfuerzo generoso por la transformación de este mundo, pasando por encima de desalientos y altibajos, puesta la confianza en Aquel que sustenta toda esperanza.

5.- Signo y camino de la Navidad permanente.

A.-Navidad, término de la espera, comienzo de la esperanza cristiana. Promesa cumplida, presente que se realiza aquí y ahora, en cada hombre y en cada instante; proyecto a realizar: Dios que ha venido a habitar entre los hombres, anuncia su venida definitiva en la plenitud de los tiempos; mientras tanto Dios sigue viniendo a cada hombre que realiza ya el Reino de Dios en el amor y en el servicio.

B.- Navidad, proceso de maduración permanente en la vida de cada creyente: Dios nace en cada corazón que le acoge, y crece en la medida que se abre a los demás con incondicional disponibilidad, en espera de la plenitud en el amor.

C.- Navidad, acontecimiento gozoso que va más allá de la historia: actualidad permanente que obliga al hombre a una revisión continua, en búsqueda de la superación de sí mismo, de su conversión progresiva hacia la oblación de su vida a los demás.

P. Félix Villafranca, C.M.
Fuente: http://felixvillafranca.es/

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