Novena a la Virgen Milagrosa 2021: día 5

por | Nov 22, 2021 | Asociación de la Medalla Milagrosa, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Oración:

Dios Padre, que nos infundiste de nuevo la Esperanza con tu Hijo Jesús y en su nacimiento nos has devuelto la alegría que habíamos perdido a causa del pecado. Hoy te pedimos que, junto a la Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nos enseñes a caminar construyendo tu Reino; que nuestra historia esté llena de la esperanza del Evangelio para anunciar a los cautivos la libertad, a los pobres su liberación y a todo hombre y mujer el gozo de la Buena Nueva de Nuestro Señor.

Llenos de una confianza renovada nos presentamos ante Ti sedientos de tu Palabra. Que al meditar día a día en esta novena, podamos abrir nuestro corazón a la gracia de la conversión, y que siendo discípulos y misioneros de Cristo y María podamos predicar con un testimonio de vida coherente. Ayúdanos a llevar la Medalla Milagrosa como guía de nuestro caminar. Amén.

Padrenuestro.

Gloria.

Oración a la Virgen María:

Madre de la Esperanza, la fe que te iluminó y la Palabra en la que creíste nos acompañe en esta novena que dirigimos en tu honor bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que todos reunidos entorno a tu Hijo podamos recuperar la frescura del Evangelio y anunciar con gozo la esperanza a un mundo dividido por las discordias.

Tus rayos nos infunden la seguridad de que nuestra historia está confiada a la misericordia de un Dios que nos ama y que nos ilumina constantemente en las noches oscuras y dolorosas de nuestra vida. Hoy más que nunca gritamos al cielo implorando un nuevo renacer; que Tú nos ayudes a germinar en nuestros corazones la Palabra de Nuestro Señor y a anunciarlo vivo y resucitado entre nuestros hermanos. Amén.

– Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

Gozos:

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)

Madre Milagrosa, de ternura y compasión
que haciendo historia de salvación
vas caminando siempre con tu pueblo
que a ti clama en la aflicción.

En mil ochocientos treinta,
en Francia, Calle del Bac,
auna pobre novicia,
la virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente,
noche silenciosa de julio,
cuando la Madre dejó su trono
y en una pequeña capilla se presentó.

Siendo la media noche
un Ángel se apareció
para darle un anuncio
de parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo,
las puertas se iban abriendo
y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

La voz del cielo anunciaba
que la madre llegó.
La sede sacerdotal
con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
sus manos colocó
en las piernas de la Madre
y misión ella le encomendó.

En una mañana de noviembre
los sentidos no lo percibieron
pero un corazón atento
nuevamente a la Madre observó;
las insignias de la medalla
que Catalina vio, se han convertido
en fuente de milagro y amor.

“Haz acuñar una medalla”,
la Virgen le pidió
para ser portada por los fieles
con gran devoción.
Madre Santa, tu gran Medalla
es emblema de tu amor,
hoy nosotros la portamos
en señal de filiación.

Sea por Jesús, sea por María,
sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
alcancemos la gracia de convertir
nuestros dolores en alegrías.

QUINTO DÍA

María en la espera con los pobres 

Letra: G- Grito. En la clausura del Sínodo de la Amazonía el Papa Francisco dijo: Escuchar el grito de los pobres: que es el grito de esperanza de la Iglesia.

Signo: Distintas imágenes que reflejen la pobreza en el mundo, la destrucción del medio ambiente, un mapamundi deteriorado o con signos de violencia y en el centro la frase: “Ven a salvarnos Señor”

Comentario inicial: La Santísima Virgen María muestra su predilección por los que no cuentan para la sociedad; su mensaje ha sido revelado siempre a la gente sencilla y pobre, a los que no se engríen de sus títulos u honores humanos. Hoy más que nunca necesitamos rescatar los valores del Evangelio y devolvérselos a un mundo cargado de materialismo y sensualidad.

Lectura del Texto Bíblico: Mateo 11, 25-30

“En esa oportunidad, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. Palabra del Señor, gloria a Ti Señor Jesús.

Reflexión:

María enseñó a reconocer a Dios en medio de la vida sencilla, en la cotidianidad de una existencia marginal, en una pequeña población de Galilea, Nazaret. Desde allí, Ella aprendió a reconocer a Dios como Aquel que mira a todos, y de manera especial a los más sencillos; «mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la pequeñez de su sierva» (Lc 1, 46-48).

Jesús muy seguramente aprendió esta espiritualidad de María: aprendió a reconocer en Dios a un Padre, que es cercano a los humildes. En contraste con la humildad de corazón de quien se sabe necesitado por Dios, está el corazón arrogante y soberbio de aquellos que, amparados en la riqueza, la comodidad y el poder, viven bajo sus propios criterios.

Jesús con su modo de orar y vivir nos invita a tener un corazón dispuesto a escuchar a Dios, en lo cotidiano, en la pobreza de los que sufren y luchan por mantener la vida donde ésta se hace difícil. Los más pobres, en su continua lucha, nos enseñan a esperar la Salvación de Dios que se abre caminos en medio de todas las situaciones de esclavitud y opresión. María, esperanza de los pobres, expresa en nombre de los más pequeños su plena confianza: Dios «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lc 1,52).

Actividad en grupo:

  1. ¿Qué puestos ocupan los pobres en nuestras asambleas, en nuestra comunidad o en nuestra vida?
  2. Todos de algún modo somos ¿Qué carencias experimento constantemente en mi vida personal?
  3. ¿De qué manera permito que la Medalla Milagrosa sea un evangelio para los más pobres?

Oración final:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Descargar la Novena completa pulsando sobre la siguiente imagen:

Fuente: https://www.corazondepaul.org/

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