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¿Cómo decirte adiós?

por | Oct 8, 2021 | Formación, Reflexiones, Víctor Martell | 0 comentarios

Reflexiones ante la pérdida de un ser querido:

¿Como puedo decirte adiós? Alguien, no creo que nadie pueda explicarme, esto que nuestro Dios a quien conozco hace 80 años ahora me deje sin tu presencia, es verdad nosotros estamos de acuerdo con sus decisiones; pero por favor no me pidas que le diga adiós solo quiero decirle hasta pronto.

Fueron tantos años viviendo tantas experiencias bonitas, como estuviste a mi lado por 25 años sirviendo a los pobres a través de la Sociedad de San Vicente de Paul, visitándolos en sus casas, sirviendo en las reuniones, yo creo que todos los miembros en el mundo te recuerdan, tanto los locales como los internacionales, nunca estuve solo y cuantas personas has ayudado. Has sido una madre ejemplar y siempre lo primero y lo único fueron tus hijos, quizás por eso me dejaste atrás, para que yo siga tu obra, pero debías comprender y mi Dios también que me eras tan necesaria a mi lado, que no me conformo. Perdóname Diosito pero no puedo decirle adiós.

Mi fuerza en mi vida eras tú. Como no recordar los viajes que hicimos juntos, sin disgustos, con amor, nunca nos alzamos la voz siempre estábamos de acuerdo en todo, cuando un día me confesaste que yo era lo más importante en tu vida después de tus hijos. Ese fue el día más feliz de mi vida, me parece que lo estás haciendo ahora, cuando no me puedes hablar y cuando te pregunto, aún con tus ojos cerrados si me quieres, tu solamente lo haces apretándome un dedo.

Como no recordar cuando compramos unas sortijas en Italia y le mandamos a cifrar “Amor eterno” y así será para siempre, por eso, nos casamos con la bendición de Dios y te lo juro no será hasta el día de tu muerte ese amor seguirá hasta que me reúna contigo.

Pero por favor, no me pidan que le diga adiós a la única persona que me enseño como vivir al lado de Dios, sin faltas, sin engaños, sin drogas, sin alcohol, sin hacerle daño a nadie y cuando era ofendido por alguien siempre me decías déjalo en las manos de Dios, como recuerdo tus frase “Corazón de Jesús en vos confío”, mi esposa querida, que siempre me hizo ver en el rostro del pobre el de Jesús. Y no era una persona de misa diaria, ni de estar rezando en todo momento, porque hoy comprendo, que tu catedral era nuestra casa y el amor a tus hijos, tus nietos, tus biznietos, y a mi persona, era tu mejor ofrenda a Dios.

Perdona mis lágrimas, no puedo evitarlo, pero mi deseo es: que te vayas tranquila y que intercedas por mí, para que esta pena no ahogue mi alma. Te amo y seguiré con nuestro pacto de “Amor eterno” pero perdóname Dios, no puedo decirle Adiós.

Por Víctor Martell

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