El pensamiento sobre ese hombre no me ha dejado dormir.

Me vuelve esa imagen suya, maltratado.

Tiene una templanza que nunca he visto y tiene aquello que nunca he conseguido: La paz.

¿Por qué no se defendió? ¿Por qué no habló como habla ese famoso Herodes…? ¡Qué me conviene tenerlo de amigo!

Yo, Pilato, en mi calidad de Gobernador de Judea, debo conseguir el orden en la Provincia, pero este hombre es un Galileo. No puedo juzgarlo.

Realmente no veo culpa, es un pobre hombre.

¡Ay… su voz!! Su voz destila novedad.

Debe ser que estoy acostumbrado a escuchar a estos viejos de Sanedrín, que no tienen otra cosa que hacer que andar recordando sus leyes.

Ese llamado Cristo no me ha hablado tanto como estos otros avinagrados que vociferan su beata autoridad.

¿Y si realmente fuera un rey, pero no de este mundo como me dijo?… No lo sé, no creo, no le veo ningún poder.

Seguramente sus discursos Jerusalén los olvidará y no habrá ni un culto que lo proclame Señor.

Ese hombre… ¿Qué harán con ese hombre? Mejor era entregárselo a esta gente y así me evito sedición y se acaban las revueltas.

Me conviene estar bien con todos, con mi rey y con el pueblo. Que todos queden felices.

Ese Barrabás, ahí lo tienen ya libre, es lo que querían. Pobre multitud que se apiña como buitres a la expectativa de la carroña.

No saben que crucificarán a uno sin culpas. Bueno, en el fondo el llamado Cristo quizá se lo buscó, es complicado hablar de un Reino nuevo.

Quieren al bandido como héroe, pero es un aprovechador más.  En fin, la gente tiene mala memoria y le gusta elegir al embustero.

Ese hombre, ese judio llamado Jesús, ya va camino a ese Gólgota, dentro de poco morirá como uno más junto a otros dos malhechores.

Seguramente sus seguidores, que parece se escondieron, después dirán que resucitó.

Su cuerpo tan azotado, sus manos y sus pies taladrados quedarán. Así en esas condiciones tampoco se puede resucitar.

Ese hombre, ese pobre inocente, será olvidado. Trataré de estar tranquilo con mi conciencia.

Más no puedo dormir porque vuelvo a pensar en él. Tuve que interrogarlo, pero parece que él, con su silencio, su mirada profunda y su humildad, que tampoco es de este mundo, me ha interrogado a mí.

Mi mujer hasta soñó que venía de Dios… pero debe ser un sueño solamente… debiera ser.

Bueno, si viene de Dios, temblará la tierra, se rasgará algún velo y se mostrará una novedad, se oscurecerá el día… y él volvería a la vida, no sé cómo. Pero no creo, en todo caso ya me lavé las manos.

P. Pablo González Sandoval C.M.,
Chile.

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