Buscadores del alimento que perdura

por | Jul 27, 2021 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el pan y la bebida de vida.  Los buscadores que a él vienen y en él creen se saciarán; no pasarán nunca hambre ni sed.

Sabe la gente que Jesús no fue en la barca con los discípulos.  Es por eso que los que lo buscan van al sitio donde lo esperan ver.  Pero no está allí él.  Por lo tanto, los buscadores van en barcas y emprenden resueltos la travesía hacia Cafarnaúm.

Y en la otra orilla, sí, dan con él y le preguntan cuándo llegó allí.  Quizás más quieren saber cómo llegó él, si él no estuvo en la barca con sus discípulos.  Por supuesto, no saben los buscadores que caminó él sobre el agua.  Si lo supieran, se fijarían más en lo asombroso, lo mágico, y le perderían de vista.

De hecho, él les echa en cara su desatención no solo de él, sino de los signos también.  Pues les dice él:  «Me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros».

No cabe duda de que es bueno que ellos lo busquen.  Pero lo malo es que lo hacen por la razón equivocada, lo que es la mayor traición.

Y, claro, quiere Jesús que sus buscadores no lo vendan por el precio de una comida sencilla.   Han de ser ellos también limpios de corazón para ver a Dios y conocer al que el Padre ha sellado.

El Hijo del Hombre llama a los buscadores a la vida plena.

A Jesús, sí, ha acreditado el Padre, Dios, con su sello.  Por su Hijo, nos da el Padre el alimento que perdura y por el que vale la pena trabajar.  Hay, pues, un hambre diferente; tenemos hambre no solo del alimento para el cuerpo.

Tenemos también hambre y sed de justicia, libertad, paz, perdón, salud, amor, misericordia, pertenencia, dignidad, verdad, conocimiento, sabiduría.   Y para trabajar por todo este alimento, —por el reino de Dios—, nos basta con ir a Jesús y creer en él.

Es que convertirnos los buscadores en discípulos quiere decir ser y vivir como el Maestro.  Y él no solo da de comer a la gente.  También les proclama la Buena Nueva del reino y cura sus enfermedades y dolencias.  Acoge él a los niños y a los pecadores.

No, no hay duda de que se esfuerza Jesús por un mundo más justo y humano.  En ese mundo, se portarán todos como buenos hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Padre bondadoso.  En esa familia, no habrá pobres; habrá compasión, la que distingue a los hombres de las bestias (SV.ES XI:561).

Por lo tanto, ser y vivir como Jesús es asegurar que se cumplan todos los buenos deseos de nuestro corazón.  Y él, pues, será para nosotros el verdadero pan bajado del cielo para dar vida al mundo.  No pasaremos nunca ni hambre ni sed, aun si se nos pide que entreguemos nuestro cuerpo y derramemos nuestra sangre.  Es que en él nos gloriaremos y por él venceremos (Jn 16, 33; Rom 8, 37; Hab 3, 17-19).

Señor Jesús, haz discípulos de nosotros buscadores.  Concédenos vivir por tu muerte, morir por tu vida, estar ocultos en ti, llenos de ti y vivir como tú para morir como tú (SV.ES I:320).

1 Agosto 2021
18º Domingo de T.O. (B)
Éx 16, 2-4. 12-15; Ef 4, 17. 20-24; Jn 6, 24-35

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