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Pacientes y humildes como Jesús y los labradores

por | Jun 9, 2021 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es manso y humilde de corazón, y nos contagia su mansedumbre y su humildad.  De más está decir que, los mansos y humildes son pacientes también, y confían en Dios.

Se cuenta Jesús entre los buenos y pacientes maestros.  Y «maestro» es el título que se le da más que nada.  Y para los que tenemos fe en él, Jesús es el Gran Maestro.

Uno de los rasgos singulares del Maestro es el de exponer la Palabra a las turbas con parábolas.  Se acomoda él al entender de sus oyentes y liga sus enseñanzas a la vida diaria.  Las parábolas hacen más fácil que las gentes sencillas capten y aprendan.

Con todo, no faltan los que no entienden por ser torpes o por tener cerrado el corazón.  También hay quienes comprenden la enseñanza pero no la aceptan.  Con todos ellos, sin embargo, se muestra Jesús el más paciente de los más pacientes maestros.  Tiene él paciencia particular con los que se esperan que entiendan mejor que nadie, sus discípulos.  No comprenden ellos una y otra vez.

Soporta Jesús, sí, con gran paciencia a los que no comprenden.  Entre ellos se hallan los que le toman por el jefe que los lidere en la guerra santa contra Roma.  Aclara él que el reino de Israel que buscan restaurar no es lo mismo que el reino de Dios.

Pacientes al igual que Jesús y los labradores

Es que el reino de Dios se establece según el horario del Padre.  Y ese horario no es para los que tienen demasiada prisa y buscan éxitos inmediatos o siega al instante.  Ni es para los con «celo indiscreto» (RCCM XII:11).  Ni para los que confían demasiado en sus obras y, al fin, lo estropea todo (SV.ES XI:236).  Dios, sí, es como los labradores pacientes.  Éstos no pueden sino dejar que la simiente caiga en tierra, muera, crezca de modo lento y dé fruto al fin.

Habrá, sí, momentos duros.  Pues los violentos nos tratarán de impedir a acoger el reino (Mt 11, 12).  Pero como luego nos lo dará a conocer la pasión, muerte y resurreción de Cristo, no nos resultará en vano nada.

Por lo tanto, humildes confiamos en Dios que humilla y ensalza, en Jesús que encarna el reino de Dios.  Confiamos pacientes en la fuerza del reino de Dios, la que puede hacer un mundo más justo y humano.  Y nos basta con aguardar pacientes y con confianza la venida en gloria de Cristo.

Pero no esperamos con los brazos cruzados, sino con los brazos extendidos, para sembrar las pequeñas semillas.  Basta una sonrisa cordial, un gesto tierno, una palabra buena (SV.ES IX:916).  O ser pacientes, al igual que el Padre y Jesús, con los que a nuestro parecer se han de convertir.

De tales cosas pequeñas se sirve Dios para hacernos capaces de la gran obra.  La de entregar el cuerpo y derramar la sangre por los demás.

Señor Jesús, concédenos ser pacientes y humildes de tal modo que confiemos en ti.  Haz que nos acordemos de que las semillas crecen, florecen y dan fruto por tus lágrimas, sangre, obras.

13 Junio 2021
11º Domingo de T.O. (B)
Ez 17, 22-24; 2 Cor 5, 6-10; Mc 4, 26-34

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