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Arde América Latina

por | May 10, 2021 | Confraternidades, Formación, Reflexiones | 1 comentario

Una mirada histórica a nuestra tierra nos puede generar sensaciones de incertidumbre, pesimismo, indignación e impotencia.

¿Qué nos ha pasado? ¿Qué podemos hacer? ¿Hay posibilidades para un golpe de timón que nos permita cambiar el rumbo?

Quiero empezar con decir que no hablaré sobre teorías de conspiración y mucho menos profundizar en las realidades socio-económicas y políticas de cada país. Sobre lo primero considero que no nos lleva a ningún lado y de lo segundo creo que cada lector tiene un contexto muy claro su realidad y mi intención es aportar una mirada esperanzadora, así como lo lees, frente a este duro panorama.

Con esta introducción podemos abordar esta crisis Latinoamericana agradeciendo a Dios por permitir que podamos sufrir esta pandemia. Aclaro que no lo digo por tener una idea asociada a pensar que Dios castiga, muy por el contrario, siendo consciente del sufrimiento que ha traído esta pandemia a muchos hermanos y hermanas, pues quisiera aprovechar dicho sufrimiento para evidenciar que nos ha permitido vernos tal y cual somos, ya sea como personas, sociedad, país y continente.

Por mucho crecimiento económico que se haya presentado en la región en los últimos 5 años ha sido evidente hoy más que nunca la brecha de desigualdad entre los que tienen y los que menos tienen. El sólo hecho de tener accesibilidad a un tipo especial de mascarillas (cubrebocas), a cuidados paliativos y acceso a un tipo de vacunas; Nos ha dejado muy claro que como sociedad hemos fallado en diseñar un sistema de salud equitativo y de calidad. Nuestros profesionales de la salud se han visto en una guerra de trincheras trabajando en muchos casos con las uñas tratando de ganarle la batalla a este enemigo silencioso. Pero no es culpa del covid hermanos, es la realidad común y corriente, si hablamos del cáncer o del sida, es muy evidente dicha brecha, la diferencia ha sido que el covid ha sido más solidario y nos ha querido tratar a todos por igual, pareciera ser que tenemos que aprender mucho de él.

Por otro lado, la incompetencia de la administración publica nos invita a cuestionar nuestra configuración política, nuestro diseño estatal y hasta nuestras constituciones. Ha hecho falta mucha prospectación y anticipación de escenarios. Se ha hecho lo que se ha podido, nos dicen, pero los hechos o la realidad nos dicen lo contrario. Decisiones apuntando al encierro como medida eficaz sin tomar en cuenta el bienestar psicológico y económico. Hoy nuestra sociedad demanda lideres con un enfoque más humanista y cristiano, verdaderos hombres y mujeres de bien que busquen el bienestar común aún en estos momentos de crisis.

Se nos quiere vender la idea de que la pandemia es culpable del deterioro económico que estamos empezando a vivir, pues lamento informarles queridos hermanos que la brecha social se vino acrecentando y dejó un terreno fértil para que esta pandemia no hiciera otra cosa que anticipar el deterioro de nuestros sistemas financieros, en donde la corrupción, la falta de una certeza de castigo e inexistente transparencia en las instituciones públicas, obstaculizaron una adecuada gestión de esta crisis sanitaria y por consiguiente la ola de fallecidos, enfermos, negocios cerrados, familias en crisis, desempleados, hambre y pobreza ha ido en aumento.

¿Dónde queda la esperanza?

La iglesia tiene la obligación de incendiar con el fuego del Espíritu Santo a toda América Latina para que ardamos en el amor por Cristo y los más pobres. Levantar en nuestras comunidades a líderes capaces de incidir en las realidades sociales, económicas y políticas con miras a propiciar el bienestar a las personas y competitividad a las empresas para que se puedan movilizar a seguir construyendo la América que queremos.

Los vicentinos queremos ver a América Latina arder, arder en el amor por hacer el bien, no en medio de la violencia que azota las calles provocadas por la falta de escucha y empatía de quienes tienen la responsabilidad de gobernar, por quienes han profesionalizado la represión y se han hecho empíricos en espacios de diálogos, por nosotros mismos que como Iglesia tememos a luchar y participar, pensando en la figura de un Cristo cobarde y reservado, no mis queridos hermanos, todo lo contario. Seamos valientes guerreros en nombre de la paz buscando siempre un diálogo constructivo pero que responda a la realidad de los más necesitados y se haga aliado de los más favorecidos.

Ahí donde estás sigue haciendo vida el evangelio.

Alvaro Vergara

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1 comentario

  1. Óscar Julio Valdes

    Si leemos atentamente la parábola de los talentos, descubrimos el problema que aqueja a nuestra querida América Latina. Sin el mérito del esfuerzo, trabajo y educación, el imperio de la Justicia y la Caridad hermanas inseparables, no se conseguirá la Paz Social. El Capital y el Trabajo deben marchar juntos, y no la lucha de Clases.

    Responder

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