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No se queden afuera

por | Abr 17, 2021 | Confraternidades, Formación, Reflexiones | 1 comentario

“Hemos conocido el Amor que Dios nos tiene”. Los Divorciados Vueltos a casar en la misión.

Sí, en verdad, los hombres y las mujeres de nuestro tiempo se encuentran a veces despojados y heridos, al borde de los caminos que recorremos, a menudo sin que nadie escuche sus gritos de auxilio y se compadezca de ellos, para aliviarlos y curarlos. (…), se crea con respecto a ellos una especie de conjuración de silencio. Sólo con la actitud del amor misericordioso es posible acercarse (…) para llevarles ayuda y permitir que se levanten y reanuden el camino de la existencia”.  Papa Benedicto XVI, sobre la realidad de los Divorciados en la Iglesia

Estuvimos allí, a la orilla del camino, donde los Divorciados y Vueltos a casar sufren.

Mi esposo y yo nos conocimos dentro de un grupo de iglesia muy activo en la misión y predicación de la Palabra. Cultivamos por meses una hermosa amistad, llena de un respeto y ternura; algo nuevo para ambos que veníamos de matrimonios rotos. El Amor entre nosotros sanó heridas y nos edificó. Pero había una realidad: si dábamos el paso de casarnos entraríamos a la condición de “Divorciados Vueltos a casar”, y muchas cosas cambiarían.

El primer cambio lo sentimos en el grupo; en un discreto silencio poco a poco fuimos excluidos de poder participar dentro de la comunidad como lo hacíamos normalmente. Muy amablemente nos explicaron que en “nuestra condición” ya no podríamos predicar, ni animar, ni servir, pero podíamos cargar las sillas de ser necesario. En el momento dolió profundamente lo que pasaba. Nos sentimos apartados, pero al mismo tiempo sabíamos que el amor que nos unía era real y tangible.

Dios nos quiere felices y realizados como personas y sigue manifestando su amor en cada situación de nuestra existencia. En nuestra invitación de la boda civil incluimos la cita que nos ha sostenido en todo este caminar «Por nuestra parte, hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor: el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él.» 1 Jn. 4,16.

Mi esposo y yo hemos experimentado el Amor Misericordioso de Dios que nos ha levantado y sanado de las heridas profundas que dejan los divorcios. Hemos podido el Amor de Dios en medio de nosotros que día a día dejábamos atrás los fantasmas de relaciones antiguas para construir desde el Amor un matrimonio sólido en confianza, servicio y esperanza. Nos fortalecimos en la escucha de la Palabra, la Comunión Espiritual, la oración, la Adoración Eucarística y en la educación de nuestros hijos en la fe.

 Nuestro matrimonio crecía y se fortalecía, más aún con el milagro de vida de nuestros hijos gemelos de los cuales los médicos no daban esperanza y el Señor en su Infinita Misericordia sopló vida en ellos. Ese don dado por Dios Padre, nos hizo sentir amados y bendecidos. Fuimos testigos de un gran milagro. El ser Divorciados Vueltos a casar no nos excluyó de la mirada misericordiosa de Nuestro Amado Señor que se manifestó en salud para nuestros pequeños y pilar de fe para nuestras familias y amigos.

Solo eso hubiera sido suficiente para dar eternas Gracias al Padre, pero en su Gran Amor, él conocía perfectamente el anhelo de nuestro corazón de servirle dentro de la Iglesia.

Dice la Palabra de Dios «Porque Dios no se arrepiente de su llamado ni de sus dones.» Rom 11, 29

Dios es fiel y no se arrepiente jamás de habernos creado con propósito de Servir y llevar su Misericordia a toda la creación. Él nos dio dones particulares para que diéramos frutos abundantes a través de ellos. ¡Dios Nos Ama! Esta gran verdad resuena de forma especial en nuestro matrimonio. No podemos callar tanto amor que hay en nuestros corazones, no podemos negar que es posible vivir una nueva unión de la mano de Dios que nos sana y libera cada día.

Pero ¿cómo hacer? ¿Dónde servir? El Señor que es creador y creativo nos invitó a participar en las primeras reuniones de la Arquidiócesis de Panamá llamadas a crear una pastoral activa para Divorciados Vueltos a casar. Luego de superar fuertes retos, a través del seguimiento de Monseñor Rómulo Aguilar, fuimos acogidos por el Movimiento Matrimonios en Victoria. Un grupo de 6 parejas en igual condición aceptamos el llamado a estructurar el primer retiro de Panamá para parejas Divorciadas Vueltas a Casar: “Misericordia Conyugal”

Dios es Amor y Misericordia. Ese fue el primer tema que mi esposo y yo tuvimos la bendición de predicar; SI, ¡Predicamos los dos juntos!  Luego de tanto orar y esperar, el Señor nos llamó como matrimonio a llevar la buena nueva de su amor a parejas que comparten la condición de que uno o ambos habían cruzado un divorcio junto con sus consecuencias: las heridas producto de la ruptura, las situaciones con los hijos, la complejidad económica, el anhelo de santidad.

A las seis parejas nos tocó predicar, servir, animar, alabar, interceder… estábamos tan felices. La misión no excluye a nadie. Y la Iglesia en salida nos abrió la puerta para servir a las ovejas heridas por el divorcio, a los sentados en el camino que se han sentido excluidos de la fe por culpa de nosotros mismos como católicos, que con juicios o silencio preferimos excluir que a sanar.

Han pasado 6 años de ese primer llamado, y el Señor no revoca ese llamamiento.  Mi esposo y yo hemos podido llevar palabras de esperanza a matrimonios, aún fuera del movimiento, a otras parroquias donde nos han invitado.

¿Ha sido fácil? No. ¿Hemos experimentado rechazo e incomprensión? Si. Pero la misericordia de Dios nos sobre paso cada vez que el ego herido ha puesto en duda nuestro llamado a predicar el Evangelio

Hermano, tienes el llamado a edificar a tu matrimonio y tu familia ensamblada de la Mano de Dios. Hoy Dios te dice Te Amo, permanezcan en mi amor y yo permaneceré en ustedes. Da el paso de Fe y créele a Dios por encima de los rechazos que hayas vivido, más allá de las incomprensiones y juicios. Ustedes son hijos Amados de un Padre Misericordioso que busca, sana y levanta para edificar testimonios llenos de Fe, Esperanza y Amor en medio de una sociedad que ataca los valores familiares.

Es tiempo de la Misericordia dentro de la Iglesia. El Papa Francisco a través de la encíclica “Amoris Letitia” da un abrazo de acogida a todos los Divorciados Vueltos a Casar al decir:

«la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles de nuevo confianza y esperanza, como la luz del faro de un puerto o de una antorcha llevada en medio de la gente para iluminar a quienes han perdido el rumbo o se encuentran en medio de la tempestad»

Hoy la Iglesia los llama a ser parte de la Antorchas que lleven Luz e iluminar las diferentes realidades.

No es fácil, para Jesús tampoco lo fue. Pero es posible vivir una vida inundada de la Misericordia de Dios.

San Vicente de Paúl nos dice “La libertad solo se encuentra en el Amor de Dios”.  Dios los quiere libres de las ataduras y juicios, pero está en ustedes creerles a ÉL.

Cristo hoy los llama a evangelizar a otros matrimonios que han sufrido como tú, que son los nuevos pobres y marginados de esta época. La Gran Misión de “Id por todo el mundo” es más urgente que nunca ¿Qué le contestarán? ¿Se quedarán en la orilla del camino?

No se queden afuera. Hay un espacio para ustedes.

Dalys Fernández,
Confraternidad de Periodistas y Escritores Vicentinos

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1 comentario

  1. Teresa Botello

    Gracias a Dios que nos mandó a este nuevo papá lleno de amor para todos y felicidades a esos nuevos matrimonios que Dios y la virgen los diga fortaleciendo y este caminar para gloria de Dios

    Responder

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