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Desde un punto de vista vicenciano: La gracia de las gracias

por | Mar 20, 2021 | Formación, Patrick J. Griffin, Reflexiones | 0 comentarios

“No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión” (Patris Corde,  nº 7).

Justo antes de la oración de clausura, como última línea de su Carta Apostólica sobre San José, Patris Corde, el papa Francisco hace una afirmación contundente: «No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión». En los párrafos anteriores, el Santo Padre había indicado que «la misión específica de los santos no es sólo la de conceder milagros y gracias, sino la de interceder por nosotros ante Dios».

Se plantea la cuestión de hasta qué punto estamos convencidos de nuestra necesidad de conversión, de esta «gracia de las gracias».  ¿Qué lecciones sobre este cambio de pensamiento, de vida y de discurso podría enseñarnos José?  La respuesta a esta pregunta se inicia con un propósito de honestidad personal.

En primer lugar, José podría animarnos a que confiemos en lo mejor de las personas. La noticia del embarazo de María debió ser una sorpresa para él. Conocía y amaba a María. Quería pensar lo mejor de ella, y cuando el ángel trae el mensaje del Señor en un sueño, José lo acepta con los brazos abiertos y con el corazón pleno. Creyó y confió en María.

En segundo lugar, José puede enseñarnos a no hacer nada que pueda causar daño a otra persona. Cuando se entera del embarazo de María, la Escritura nos dice:

Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto (Mt 1,19)

El dolor que José pudo sentir no alcanza a perjudicar a esta mujer. Incluso antes de conocer la verdad, no hará nada que la avergüence y, sobre todo, nada que haga recaer sobre ella el rigor de la Ley. La fidelidad a sus propios valores no puede anteponerse a la realidad de ella (Suena muy acorde con la reiterada llamada del Papa Francisco a reconocer que la norma no puede ignorar a la persona. O, como dice el Papa en otro contexto: «La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley» (PC, 4).

En tercer lugar, José demuestra cómo hay que cumplir la voluntad de Dios en la propia vida, por mucho que vaya en contra de los propios planes o por mucho que cueste. El Papa Francisco describe esto como el «fiat» de José (PC, 3).  Oímos cómo:

Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer (Mt 1,24).

El resto del relato demuestra repetidamente la forma en que José responde obedientemente a su comprensión de la llamada de Dios en su vida.

En cuarto lugar, José ofrece el maravilloso ejemplo del servicio amoroso a los que están en su vida, especialmente la familia. Está dispuesto a ir a cualquier parte, a hacer cualquier cosa, a seguir cualquier instrucción que asegure el cuidado y la seguridad de María y Jesús. La carta apostólica del Papa Francisco (Patris Corde) comienza con la afirmación de que José amaba a Jesús «con corazón de padre».  Se podría hacer fácilmente una afirmación paralela en relación con María: José amó a María con corazón de esposo. El significado de ambas afirmaciones ofrece motivos de reflexión significativos para todos nosotros en relación con nuestras familias y las personas cercanas a nosotros.

Y en quinto lugar, José puede llamarnos a la conversión en relación con la fidelidad a nuestra fe. El Evangelio de Lucas ofrece repetidos ejemplos de la consideración de la Sagrada Familia por la Ley y su sagrada llamada. Entre ellos, la circuncisión (2,21) y la purificación (2,39):

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor… Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret (Mt 2,22.39)

Y, por supuesto, está la forma en que se prepara el escenario para el hallazgo de Jesús de 12 años en el Templo:

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua (Lc 2,41)

Esta práctica familiar encuentra su lugar en el Jesús adulto:

Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura (Lc 4,16)

Hay, por supuesto, otras lecciones que José podría enseñar y que contribuirían a nuestra conversión, pero éstas son suficientes por ahora para la mayoría de nosotros. ¿Añadirías tú alguna?

Dentro de nuestra Familia Vicenciana, sabemos que Vicente predicó el primer sermón de la misión el 25 de enero de 1617, la fiesta de la conversión de San Pablo. Popularmente se ha dicho que Vicente se «convirtió por la vida». Requeriría poco esfuerzo identificar algunas de estas áreas de crecimiento en la maduración de Vicente. No podríamos decir menos de Luisa. La conversión está en el corazón de la visión vicenciana.

Cuando el Santo Padre nos invita a pedir el don de la conversión, la «gracia de las gracias», nos señala sabiamente a un hombre bueno que modela las áreas en las que ese cambio puede ser acogido en nuestras vidas: San José.

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