Tampoco escuchamos a los profetas seculares

por | Feb 5, 2021 | Formación, John Freund, Reflexiones | 0 comentarios

La realidad de «Los Miserables» en los EE.UU., hoy día

Al principio de la pandemia, Joo Park notó un cambio preocupante en el mercado que gestiona, cerca del centro de Washington: Al menos una vez al día, veía a alguien deslizando un paquete de carne, una bolsa de arroz u otra comida bajo su camisa o chaqueta. Los pañales, el champú y el detergente para la ropa también empezaron a desaparecer en una buena cantidad.

Desde entonces, dijo, los robos han aumentado a más del doble en el Supermercado Capitol, aunque ahora coloca más empleados en la entrada, pide a los compradores que dejen las mochilas a la entrada y exhibe artículos de alto riesgo (como desinfectante para manos y levadura de hornear) en áreas más visibles. Park no suele llamar a la policía, sino que prefiere prohibir a los delincuentes que vuelvan. «Se ha vuelto mucho más difícil durante la pandemia —comenta—. La gente dice, ‘Sólo tenía hambre’. Y, entonces ¿qué hacer?»

Esta historia del Washington Post me hizo reflexionar inmediatamente sobre la realidad del clásico de Victor Hugo, Los Miserables.

Profetas seculares

El mismo Victor Hugo escribió a su editor hace más de 160 años…

No sé si será leído por todos, pero es para todos. Se dirige a Inglaterra y España, Italia y Francia, Alemania e Irlanda, a las repúblicas que albergan esclavos y a los imperios que tienen siervos.

Los problemas sociales no entienden de fronteras. Las heridas de la humanidad, esas enormes llagas que ensucian el mundo, no se detienen en las líneas azules y rojas dibujadas en los mapas. Dondequiera que los hombres viven en la ignorancia o la desesperación, donde las mujeres se venden por un pedazo de pan, donde los niños carecen de un libro para aprender o de un hogar cálido, Les Misérables llama su la puerta y dice: «abre, estoy aquí para ti».

Destaca, en medio de otros artistas que usan sus habilidades para dirigir nuestra atención hacia lo que preferiríamos no ver. A través de los siglos, los artistas han desafiado las visiones superficiales de la pobreza y han inspirado la dedicación a los servicios directos para mejorar la condición de los pobres.

Vincent Van Gogh, John Steinbeck, Jacob Riis, Handel… son tan solo una pequeña nuestra representativa. La televisión y los medios de comunicación en streaming presentarán en estas fechas «¿Un Cuento de Navidad?» de Charles Dickens. Inspiró a mucha gente a mirar sus vidas a través de la lente de su pasado, futuro y presente. Con una historia bellamente elaborada, creó conciencia de algunas de las raíces y efectos a largo plazo de la pobreza.

Profetas bíblicos

Los profetas de Israel hablaron, pero sus audiencias no escucharon.

Poco ha cambiado en 3.000 años: nunca es popular decirle a la gente que se comporta mal y que necesita cambiar. Como los profetas de la Biblia, cualquiera que intente esto, hoy día, es probable que sea ignorado, o ridiculizado en el mejor de los casos, si no silenciado de diversas maneras.

Dado lo poco que los israelitas escucharon a sus profetas, ¿qué debemos pensar de las dimensiones proféticas del ministerio vicentino hoy en día?

1. Tenemos la responsabilidad

A Ezequiel le dijeron que si no entregaba su mensaje de advertencia, la sangre de otros estaría en sus manos. Los profetas tenían la tarea de llevar un caballo al agua, no de obligarlo a beber.

2. Incluso un solo oyente es bastante

Mientras que los israelitas en su conjunto ignoraron a los profetas, debemos asumir que una minoría los escuchó y cambió su comportamiento. Como resultado, se evitó cierta miseria humana.

El cambio no ocurre de la noche a la mañana, es un proceso que no se completará en este lado del mundo por venir.

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