Amar a otra persona es ver el rostro de Dios (cuarta parte)

por | Ene 29, 2021 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Este será el último segmento dedicado a este tema. En la última entrega conté una historia en la que intentaba comunicar algunas de las presuposiciones que pueden impedir que uno ame realmente a otra persona. Cuando surgen esas dificultades, uno también puede volverse ciego al rostro de Dios que está directamente frente a sus ojos. En esta entrada me gustaría hablar de algunas de las formas en que podemos ser amados y, a través de esos diversos actos de amor y bondad, descubrir la presencia de Dios entre nosotros.

Me gustaría hacer referencia al movimiento Pay It Forward. En este movimiento el beneficiario de alguna buena acción devuelve la bondad que ha recibido a otra persona en lugar de al benefactor original.

Hace unos años subí a un autobús que me iba a llevar al centro de Brooklyn. Cuando me disponía a meter el billete en la caja de monedas, el conductor del autobús tapó la caja con la mano y dijo: un pasajero anterior puso el billete y dijo que el siguiente podía viajar gratis… pero había que decirle al pasajero «que lo pagase e hiciese lo mismo en otra ocasión».

Yo había oído hablar de este movimiento, pero nunca había sido el destinatario de un acto así. En aquella ocasión, sin embargo, me sentí abrumado por la alegría (hoy viajo gratis en el sistema de transporte de la ciudad de Nueva York… ¡vaya!); la sorpresa (¡alguien, que no me conocía, pagó realmente mi billete!); la gratitud (¡qué gesto tan increíble!).

Unos años más tarde, entré en una cafetería para comprar un capuchino y, de nuevo, cuando fui a pagar la cuenta, el dependiente me dijo que un cliente anterior había pagado mi cuenta, pero de nuevo me dijeron: paguelo más adelante a otro. Tuve una experiencia similar en otra cafetería.

Cada vez que ha ocurrido esto, me doy cuenta de que otra persona que viaja por el mismo camino de la vida, se tomó el tiempo de preocuparse por mí, de darme algo bastante inesperado. Sé que se me dibujó una amplia sonrisa en la cara cuando me dijeron que alguien ya había pagado mi cuenta. Esos actos de amabilidad son tan inesperados.

Al mismo tiempo, cuando me mostraban esa amabilidad, también tenía la obligación de cumplir mi parte, es decir, tenía que hacer un acto de amabilidad similar con otra persona. Por lo tanto, al poco tiempo de producirse cada uno de estos hechos, devolví esa amabilidad y espero que otra persona haya podido sonreír y sentir esa misma alegría, sorpresa y gratitud. Espero que, así como yo pude descubrir la presencia de Dios en medio de estas increíbles situaciones, alguien más haya podido descubrir a Dios vivo en medio de ellos.

Pruébalo alguna vez… ¡¡¡Comienza una cadena de pago por adelantado!!!

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Etiquetas: barquin

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