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Miremos hacia afuera…

por | Dic 7, 2020 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Os invitamos a descubrir a través de sus propios escritos a Federico Ozanam, cofundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl y uno de los miembros más queridos de la Familia Vicenciana (al que, tal vez, aún conocemos poco).

Federico escribió mucho en sus poco más de 40 años de vida. Estos textos —que nos llegan de un pasado no muy lejano— son reflejo de la realidad familiar, social y eclesial vivida por su autor que, en muchos aspectos, guarda similitudes con la que se vive actualmente, muy en particular en cuanto se refiere a la desigualdad y la injusticia que sufren millones de empobrecidos en nuestro mundo.

Comentario:

El invierno de 1846 a 1847, Ozanam pasó por Roma, coincidiendo con los primeros meses del pontificado de Pío IX. El santo padre le recibió en audiencia con gran afecto paternal, que le fue devuelto con el amor filial y la lealtad de un católico fiel. Fue «un papa muy querido y también muy calumniado»[2], cuyo largo pontificado Federico no conoció más que durante 7 años aproximadamente. Posiblemente, si hubiese conocido toda su trayectoria, su opinión del sumo pontífice sería distinta o, al menos, la matizaría mucho.

Pío IX gobernó la Iglesia católica durante más de 31 años[3]. Vivió tiempos complejos, tuvo que afrontar problemas muy serios (uno de ellos, ver desaparecer los Estados pontificios[4] en 1870[5]) y tomó decisiones controvertidas, algunas más aperturistas, otras en consonancia con la posición tradicional de sumos pontífices anteriores. Entre otros hechos relevantes:

  • instituyó «La Consulta», una cámara deliberante de representación popular (elegida por sufragio censitario) que propició una mayor participación ciudadana en el gobierno de los Estados pontificios;
  • proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción (1854);
  • publicó el famoso Syllabus[6];
  • convocó el Concilio Vaticano I (1869–1870), en el que, entre otros temas, se define la infalibilidad papal.

No obstante, en el pontificado de Pío IX encontramos semillas, ciertamente exiguas, de lo que hoy día denominamos la Doctrina Social de la Iglesia. Sobre todo al comienzo de su pontificado, Pío IX tomó tímidas decisiones reformistas en la Iglesia, y se preocupó ante las situaciones de injusticia y pobreza que sufrían los necesitados[7]. Mas el papa no se atrevió a dar pasos audaces[8].

El ministerio petrino nunca fue, ni es ahora, sencillo: el papa Francisco habló de ello el 29 de junio de 2013, solemnidad de san Pedro y san Pablo. Pongamos en valor, pues, la labor de aquellos pontífices que, en tiempos complejos, tuvieron —y tienen— el valor de alzar su voz alto y claro, sin miedo a las tempestades, seguros de que la barca seguirá a flote, a pesar de nuestras miserias y contradicciones, porque Cristo está en el barco.

Cuando Federico escribe el texto anterior, algunos no veían más solución a los problemas sociales que la caridad privada y las obras de beneficencia, las cuales, más bien, eran remedios para paliar algunas de las consecuencias de la nueva estructura socio-económica de Europa, pero no para atacar las raíces del problema. No obstante, una minoría muy pronto hizo propias estas preocupaciones sociales, Federico entre ellos, dándose cuenta de que la cuestión obrera constituía un grave problema de justicia; en este tiempo ya habla de la defensa de los trabajadores en temas como: el aumento de salarios, la disminución de horas de trabajo, el descanso dominical y la prohibición del trabajo a los menores. Como vemos, el pensamiento social y político de Federico está muy avanzado en relación a la sociedad y la Iglesia de su tiempo; así, podemos leer, no sin cierto asombro, estas palabras de Federico:

Es necesario que los curas renuncien a sus pequeñas parroquias burguesas, rebaños de élite en medio de una inmensa población a la que no conocen. Es necesario que se ocupen no solo de los indigentes, sino de toda esa clase pobre que no pide limosna. […] Es ahora, más que nunca, cuando habría que meditar un hermoso pasaje del capítulo II de la carta de Santiago[9], que parece escrito expresamente para el tiempo presente[10].

¡Cómo nos recuerda este párrafo al deseo del papa Francisco, expresado hasta la saciedad, de una Iglesia «en salida»[11], de unos sacerdotes «con olor a oveja»[12], y, en general, de unos cristianos que están al lado de los pobres!

Sugerencias para la reflexión personal y el diálogo en grupo:

  1. ¿Cómo están los derechos de los trabajadores en nuestro entorno o país? ¿Hay salarios justos, jornadas de trabajo adecuadas, igualdad de género, etc…? ¿Existe el trabajo infantil?
  2. Federico nos invita desde el texto citado, también hoy, a ser personas que asumen riesgos, digámoslo así, pegados al conflicto: cerca de los pobres y de todos los que, en general, sufren la injusticia. ¿Cómo se está llevando a cabo esto en nuestra comunidad, conferencia, grupo vicenciano?
  3. Podemos leer y comentar las implicaciones que tiene para nuestra Iglesia de hoy, y para nosotros, vicencianos, el capítulo 2, versículos del 1 al 9, de la carta de Santiago:

«Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.

Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento; si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: “Tú siéntate aquí cómodamente”, y al pobre le decís: “Tú quédate ahí de pie” o “siéntate en el suelo, a mis pies”, ¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?

Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman? Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen e incluso os arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que injurian el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros?

Si cumplís la que, según la Escritura, es la ley regia: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, hacéis bien; pero si establecéis diferencias entre las personas, cometéis pecado y esa ley os acusa como transgresores».

Notas:

[1]   Referencia al episodio de la tempestad calmada (Mt 8,23-27).

[2]   Juan Pablo II, Homilía de la beatificación de Pío IX, 3-IX-2000.

[3]   El pontificado más largo de la historia, sin contar el de san Pedro, cuya duración es difícil de cuantificar.

[4]   Los Estados pontificios fueron los territorios de la península italiana bajo la autoridad temporal del papa, desde 751 a 1870. En el momento de máxima extensión comprendían las regiones actuales de Lacio, Las Marcas, Umbría y Emilia-Romaña.

[5]   Entre 1870 y 1929, el Vaticano estuvo bajo soberanía italiana. A partir de dicho año, la firma de los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el Reino de Italia permite crear el estado independiente de la Ciudad del Vaticano, en un recinto de 44 hectáreas, tan pequeño que solo la basílica y la plaza de San Pedro ocupan un 20% del territorio.

[6]   Documento de ochenta puntos (divididos en diez secciones) en el que se condenan sendos supuestos errores relativos a la fe, a la Iglesia, a la ética y a las libertades (entre ellas las de culto, pensamiento, imprenta y conciencia, en continuidad con lo ya expresado por Gregorio XVI en la encíclica Mirari Vos). El punto 80 resume todo el documento, cuando dice que el romano pontífice no «puede [ni] debe reconciliarse [ni] transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización».

[7]   Entre 1850 y 1870, Pío IX «promovió jardines de infancia, dormitorios para las personas sin techo, hornos que vendían pan a precios muy bajos para los indigentes, casas populares, dispensarios médicos gratuitos para los pobres» (cf. Anónimo, «Pío IX, ¿un papa autoritario y brutal?», en zenit.org, año 2000).

[8]   Pío IX fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000. En la homilía de la beatificación dijo: «La santidad vive en la historia y todo santo no está exento de los límites y condiciones propios de nuestra humanidad. Al beatificar a uno de sus hijos, la Iglesia no celebra particulares opciones históricas realizadas por él, más bien lo propone a la imitación y a la veneración por sus virtudes».

[9]   Cf. Sant 2,1-9.

[10]  Cf. Carta a Alphonse Ozanam, 6 de marzo de 1848.

[11]  «Que el Señor nos dé la gracia a todos nosotros de vivir una Iglesia así: de pie y en salida, a la escucha de las inquietudes de la gente y siempre con alegría». Papa Francisco, Homilía en la misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta, 4 de mayo de 2017.

[12]  Cf. Papa Francisco, Misa crismal del Jueves Santo, 28 de marzo de 2013.

Javier F. Chento
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