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Muchas buenas intenciones, poca perseverancia

por | Nov 23, 2020 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Os invitamos a descubrir a través de sus propios escritos a Federico Ozanam, cofundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl y uno de los miembros más queridos de la Familia Vicenciana (al que, tal vez, aún conocemos poco).

Federico escribió mucho en sus poco más de 40 años de vida. Estos textos —que nos llegan de un pasado no muy lejano— son reflejo de la realidad familiar, social y eclesial vivida por su autor que, en muchos aspectos, guarda similitudes con la que se vive actualmente, muy en particular en cuanto se refiere a la desigualdad y la injusticia que sufren millones de empobrecidos en nuestro mundo.

Comentario:

Muchas veces, cuando uno se adentra en la vida de Federico y el momento histórico que le tocó vivir, no puede evitar hacer analogías con el momento actual. Sin duda, fueron tiempos distintos en muchísimos aspectos, pero también con algunos puntos de encuentro. Y este, del que habla Federico, puede ser uno de ellos. Se queja Federico de que, entonces, las intenciones eran buenas, pero rara vez llegaban a materializarse en algo práctico y concreto; y, menos aún, que tuvieran cierta continuidad temporal («perseverancia»).

En nuestra época vivimos situaciones complejas a múltiples niveles: los problemas se acumulan sin que veamos pruebas de que se están dando pasos seguros para solucionarlos. Así:

  • Se habla mucho de una clase dirigente (políticos) mediocre y corrupta. Pero… ¿qué pasos efectivos se están dando para solucionar esto?
  • La protección del medio ambiente y de nuestra aldea global, los peligros de la deforestación, el cambio climático, la polución de nuestra atmósfera y mares… son temas que están a la orden del día. Gracias a los acuerdos multinacionales el protocolo de Kioto en 1997, el acuerdo de París en 2015, la declaración de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático de Madrid en diciembre de 2019, entre otros se van dando pasos, quizás aún tímidos. Es indudable que, en este aspecto, aún queda mucho por realizar.
  • Sabemos que está en nuestras manos el fin del hambre en el mundo, si los que tienen el poder se lo tomasen en serio. Es un hecho que producimos alimentos más que suficientes para satisfacer al conjunto del planeta, pero la injusta distribución de los recursos de producción y consumo condena al hambre a uno de cada seis seres humanos:
  • Durante los últimos 12 años, el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el hambre para el año 2015 ha sido el principal motor de la reducción del hambre. La proporción de personas hambrientas en los países en desarrollo ha disminuido de manera significativa, del 23,2% en 1990-92 al 14,9% actual [año 2013]. Sin embargo, este descenso se debe más a un aumento de la población mundial que a la ligera reducción en el número real de personas hambrientas, desde aproximadamente 980 millones a 852 millones en la actualidad[1].

Todos reconocemos que la falta de trabajo y la precariedad laboral son problemas de máximo orden en todo el mundo. Pero… ¿qué iniciativas priorizan la dignidad personal y el derecho al trabajo que reconoce la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, en su artículo 23?:

Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Lo que la Declaración manifiesta, ¿es imagen fiel de lo que sucede en nuestro entorno?

Federico continúa diciendo que ve muchas inteligencias y voluntades rectas, pero pocas personas de carácter, con el suficiente carisma para marcar la diferencia y darle un vuelco a la situación. ¿No es, acaso, así también en nuestros tiempos?

También menciona que falta Fortaleza —entonces y, seguramente, también ahora—, el don del Espíritu Santo que nos asegura contra el temor ante las dificultades, los peligros y los trabajos que se presentan en la ejecución de nuestras empresas, una disposición para saber sufrir, para acometer las obras más difíciles y soportar los trabajos más rudos y las penas más amargas. Y todo ello con constancia.

Sugerencias para la reflexión personal y el diálogo en grupo:

  1. ¿Qué otras buenas intenciones que no se concretan podríamos añadir a las ya dichas?
  2. ¿Cómo vivimos, personalmente y en comunidad, esta necesidad del espíritu de Fortaleza? ¿Pedimos a Dios que nos dé coraje para afrontar las situaciones difíciles que inevitablemente aparecen cuando nos ponemos de parte de los oprimidos?
  3. Ante los conflictos, ¿cómo solemos reaccionar, tanto personal como comunitariamente? ¿Qué podemos hacer nosotros para mejorar las situaciones de injusticia?

Notas:

[1]   Cf. José Graziano da Silva, El fin del hambre y la desnutrición, en https://goo.gl/kXLeWJ (último acceso: 20 de abril de 2020). Hoy día, el número sigue estancado en cifras parecidas: un total de 821,6 millones de personas pasan aún hambre en el planeta, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) (datos de julio de 2019).

Javier F. Chento
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