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Novena a la Virgen Milagrosa 2020: día 5

por | Nov 22, 2020 | Asociación de la Medalla Milagrosa, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Oración:

Padre de misericordia, que en tu Hijo Jesucristo nos has enseñado el amor a la humanidad, a todos nuestros hermanos, haz que avancemos juntos hacia tu Reino y nos veamos liberados de las ataduras y las esclavitudes del pecado. Concédenos la gracia de caminar siempre por los senderos de la caridad y del amor, ayudados por la fuerza del Espíritu Santo que movió a tantos discípulos a entregar la vida por el Evangelio. Que podamos algún día ser piedras vivas en la Iglesia misionera y universal.

Te pedimos que, a través de la meditación de tu Palabra y orando con fe esta novena, podamos abrir nuestro corazón a la gracia de la conversión; y quienes portamos la Medalla Milagrosa, seamos verdaderos discípulos y testigos de Cristo Resucitado para superar las contrariedades del mundo y llevar a otros la esperanza y la paz. Amén.

Padrenuestro.

Gloria.

Oración a la Virgen María:

¡Madre de nuestro Pueblo! La dulzura de tu mirada nos acompañe en esta novena que dirigimos en tu honor bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que todos podamos redescubrir la alegría de ser hijos de Dios.

Queremos recibir de tus manos prodigiosas esos rayos de misericordia infinita que tú derramas sobre nosotros; ser nuevos y verdaderos discípulos capaces de comunicar a otros el mensaje liberador de Nuestro Señor Jesucristo. Ayúdanos a encarnar el Reino de Dios para hacerlo vida en medio de nuestra comunidad y de nuestra familia. Tú has asimilado con amor la Misión del Padre y nosotros queremos salir contigo al encuentro de los pobres y de los que sufren; queremos ser para los demás, rostro de madre que ama, cuida, contempla y enseña. Amén

– Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

Gozos:

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)

Madre Milagrosa, de ternura y compasión
que haciendo historia de salvación
vas caminando siempre con tu pueblo
que a ti clama en la aflicción.

En mil ochocientos treinta,
en Francia, Calle del Bac,
auna pobre novicia,
la virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente,
noche silenciosa de julio,
cuando la Madre dejó su trono
y en una pequeña capilla se presentó.

Siendo la media noche
un Ángel se apareció
para darle un anuncio
de parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo,
las puertas se iban abriendo
y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

La voz del cielo anunciaba
que la madre llegó.
La sede sacerdotal
con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
sus manos colocó
en las piernas de la Madre
y misión ella le encomendó.

En una mañana de noviembre
los sentidos no lo percibieron
pero un corazón atento
nuevamente a la Madre observó;
las insignias de la medalla
que Catalina vio, se han convertido
en fuente de milagro y amor.

“Haz acuñar una medalla”,
la Virgen le pidió
para ser portada por los fieles
con gran devoción.
Madre Santa, tu gran Medalla
es emblema de tu amor,
hoy nosotros la portamos
en señal de filiación.

Sea por Jesús, sea por María,
sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
alcancemos la gracia de convertir
nuestros dolores en alegrías.

QUINTO DÍA

La Virgen y la Iglesia llamada a la santidad

Frase: “Con la Virgen Milagrosa, caminamos por el mundo siendo testigos de la santidad”

Signo: La Jaculatoria “Oh María sin pecado concebida…” e imágenes de varios Santos de la Iglesia Católica.

Comentario inicial: La oración que María le enseñó a Santa Catalina Labouré es también una invitación para nuestra propia vida; estamos llamados a ser libres de pecado, por el bautismo y el sacramento de la penitencia, pero también a reconocer el don gratuito de Dios en nuestra vida que nos ha llamado a ser santos como es Él.

Llamados a pedir perdón:

  • Reconcílianos contigo, cuando no hemos muerto al pecado, ni a los vicios, ni a las ataduras, ni a las malas costumbres que no nos dejan darte el primer lugar en nuestras vidas.
  • Danos la gracia del perdón porque en ocasiones hemos pensado que la santidad es imposible y más en este tiempo, a sabiendas que todos estamos llamados a ser santos desde nuestras realidades y fragilidades.
  • Alcánzanos misericordia porque no hemos resucitado contigo en nueva vida y libertad, sino que seguimos encerrados en el sepulcro de nuestros conformismos.

Lectura del Texto Bíblico: Romanos 6, 4-11

“Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda librado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; más su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Llamados a dar gracias:

  • Te damos gracias Señor por los santos que fueron fieles testigos de tu Evangelio, permítenos que, a ejemplo de ellos, tengamos nuestra fe puesta en Ti.
  • Te damos gracias Señor por todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo que has llamado a la santidad, ellos son para nosotros testimonio y esperanza de una vida de santidad alcanzable para todos y cada uno de nosotros.
  • Te damos gracias Señor por la Santísima Virgen María, ella que vivió santamente obedeciendo tus designios y cumpliendo tu voluntad, concédenos que, por su intercesión, podamos llevar una vida santa.

Reflexión:

Sí, vamos a María, invocándola con la jaculatoria que ella inspiró a santa Catalina Labouré y en la que le pedimos que acuda en nuestro auxilio; si ella es nuestra abogada ante su Hijo Jesús e intercede por nosotros, de nuestra parte se necesita nuestra respuesta a su amor maternal. ¿Y cuál es nuestra respuesta? Si ella es “nuestra Madre y nos ama como a hijos” según lo expresó la vidente, ella nos puede decir “muestra que tú eres mi hijo”.

Y el ser hijos de Jesús e hijos de María no es otra cosa que cada uno de nosotros respondamos a los compromisos bautismales, renunciando cada día al espíritu del mal, a sus obras y sus seducciones, y así cada día vayamos construyendo la propia santidad personal.

San Pablo nos invita, en su carta a los Romanos, a dejar el viejo hombre sepultado para resucitar como hombres nuevos a la luz de Cristo Resucitado. Basta con ver el ejemplo de tantos hombres y mujeres que han sido proclamados santos por la Iglesia, que también han llevado la Cruz y la Medalla Milagrosa como estandarte, desde San Maximiliano Kolbe, fiel propagador de la Virgen Milagrosa y que asumió el martirio de una forma tan heroica, hasta Santa Teresa de Calcuta que reflejaba la ternura de Dios con los más pobres y tenía la medalla Milagrosa siempre a la mano para regalar a los que encontraba a su paso.

Llamados a suplicar a Dios:

  1. Jesús, camino hacia el Padre, guíanos hacia la Santidad, es decir, hacia el estado de felicidad plena que vive todo aquel que hace la Voluntad de Dios.
  2. Que así como María dijo sí a Dios, cada cristiano responda al llamado que Él hace a la santidad, con generosidad, en lo cotidiano y en acciones de caridad con los hermanos.
  3. Dios de misericordia, permite que la Iglesia descubra la posibilidad de santificarse en la cotidianidad de la vida, en el grito de los pobres que sufren y en el clamor de los abandonados.

Oración a la Virgen Milagrosa:

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria.

En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma.

Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén.

Descargar la Novena completa pulsando sobre la siguiente imagen:

Fuente: https://www.corazondepaul.org/

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