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Al lado del pueblo, de palabra y de obra

por | Nov 9, 2020 | Federico Ozanam, Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Os invitamos a descubrir a través de sus propios escritos a Federico Ozanam, cofundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl y uno de los miembros más queridos de la Familia Vicenciana (al que, tal vez, aún conocemos poco).

Federico escribió mucho en sus poco más de 40 años de vida. Estos textos —que nos llegan de un pasado no muy lejano— son reflejo de la realidad familiar, social y eclesial vivida por su autor que, en muchos aspectos, guarda similitudes con la que se vive actualmente, muy en particular en cuanto se refiere a la desigualdad y la injusticia que sufren millones de empobrecidos en nuestro mundo.

Comentario:

Unos días antes de que se derrumbara la Monarquía de Julio[1], apareció publicado en el periódico Le Correspondant un artículo titulado «Los peligros de Roma y sus esperanzas»[2], en el que Ozanam establecía un paralelismo entre la actitud de la Iglesia en tiempos del Bajo Imperio Romano y la invasión de los bárbaros, y la que tuvo el pontificado de Pío IX ante la sociedad de su tiempo, cuando se desmoronaron los imperios bajo las incipientes democracias[3]. El artículo terminaba con estas palabras que levantaron entre muchos católicos —Montalembert[4], por ejemplo— una tempestad de protestas: «pasémonos a los bárbaros y sigamos a Pío IX».

En este contexto, pocos días después de la Revolución de febrero, Ozanam escribió a su hermano, el abate Alphonse:

Si un número mayor de cristianos […] se hubieran ocupado de los obreros desde hace diez años, nos sentiríamos más seguros sobre el futuro[5].

Federico comienza este párrafo con una exhortación al diálogo y la cooperación, dirigida a todos los católicos franceses. Justo antes de estas palabras les había recordado que, en el siglo VIII, miles de franceses fueron «a evangelizar a los bárbaros del norte, para darles, no solo la fe, sino leyes, ciudades y escuelas. Que el pontificado moderno oriente también a los católicos franceses por el camino que está abriendo». Él es muy consciente de que muchos de sus correligionarios sienten «repugnancia y resentimiento» hacia la democracia y hacia el pueblo llano. Algunos católicos influyentes añoraban otros tiempos pretéritos, donde la Iglesia ejercía su influencia sobre un gobierno declaradamente católico. Ozanam sabe que esa época ni puede ni debe volver, y llama a los creyentes a vivir los nuevos tiempos como una oportunidad de acercar la fe a «ese pueblo que no nos conoce». Para hacerlo, indica que no es suficiente la palabra, «nuestras predicaciones»; más bien, el pueblo nos reconocerá como auténticos creyentes si ven que hacemos efectivo el Evangelio con nuestras obras, como dijo san Vicente de Paúl[6], en el tiempo y lugar que nos ha tocado vivir.

En otro texto, Ozanam defendía la limosna: el auxilio inmediato al pobre es necesario e imprescindible. Pero él quiere que no nos quedemos solo ahí, y que ayudemos a los necesitados a salir de su miseria, entre otras maneras «con nuestros esfuerzos para conseguirles instituciones que les liberen, y los hagan mejores».

Nuevamente, la noción de cambio sistémico asoma en el pensamiento de Federico: por supuesto, debemos auxiliar en las necesidades urgentes, pero también debemos provocar cambios en el sistema para que deje de haber personas que pasen necesidad; una de las maneras es formar parte de las instituciones que tienen la capacidad de hacerlo,

  1. humanizando las instituciones sociales y políticas;
  2. orientándolas hacia su auténtico propósito, haciendo que se dediquen al bien de aquellos que más necesitan sus servicios.

«Pasémonos a los bárbaros» es, por tanto, una expresión de Ozanam que está llena de contenido:

  • es una invitación a vivir entre el pueblo, a ser parte de él, a preocuparnos por él, a ser una Iglesia en salida, de puertas abiertas;
  • es una crítica a las enormes distancias que separaban a los burgueses y la alta sociedad, de la clase trabajadora en París[7];
  • es, finalmente, una llamada a construir el Reino de Dios, en el que los más humildes son los primeros.

Sugerencias para la reflexión personal y el diálogo en grupo:

  1. ¿Qué aspectos del cambio sistémico estamos promoviendo y desarrollando en nuestras obras y servicios de proximidad? ¿Qué más podríamos hacer?
  2. ¿Hay, en nuestro país, católicos en el ámbito socio-político que defiendan el punto de vista de Federico?

Notas:

[1]   La Monarquía de Julio comenzó en 1830 con la Revolución de Julio o las Tres Gloriosas (Trois Glorieuses) jornadas revolucionarias de París (27, 28 y 29 de julio), que pusieron en el trono a Luis Felipe I de Francia, de la Casa de Orléans. Es una de las llamadas revoluciones burguesas o liberales. Terminó con la Revolución de febrero de 1848, que fue una insurrección popular que se inició en París, del 23 al 25 de febrero de 1848. El rey Luis Felipe I fue obligado a abdicar, dando paso a la Segunda República Francesa.

[2]   «Les dangers de Rome et ses espérances» fue publicado el 10 de febrero de 1848; con algunos retoques («el señor Lenormant […] me pidió el sacrificio de algunas expresiones que yo corregí», carta a Theophile Foisset, del 22 de febrero de 1848), transcribía una conferencia dada por Federico, poco después de su regreso de Italia: «Dio un discurso en el Círculo Católico, en el que describía lo que presenció en la Ciudad Eterna, la actitud del papa, el efecto de su política liberal sobre la población romana hasta entonces, y las esperanzas y temores que encarnaba para Roma y para todo el mundo. El discurso, un elogio entusiasta de la revolución pacífica que la política papal estaba realizando, terminaba con las palabras: “¡Pasémonos a los bárbaros! ¡Sigamos a Pío IX!”. La prensa recogió la expresión clamando contra Ozanam y se produjo una intensa polémica entre sus partidarios y los periódicos. Federico no participó en ella, sino que se contentó con explicar en privado, a algunos amigos, el verdadero significado de la expresión contestada, pues consideraba que Pío IX estaba cumpliendo aquello en lo que el partido liberal por todo el mundo había estado trabajando y esperando durante casi un cuarto de siglo, y que era menester que los católicos se unieran al movimiento y siguieran al papa, pasando con él a los bárbaros». Cf. O’MEARA, capítulo XXI.

[3]   Para una información más detallada, se puede consultar: «Una Iglesia pobre y para los pobres».

[4]   Charles Forbes René de Montalembert (1810–1870), fue un político, periodista, historiador y publicista francés, destacado exponente del catolicismo liberal y defensor de la libertad de enseñanza.

[5]   Cf. Carta a Alphonse Ozanam, del 15 de marzo de 1848.

[6]   «Puede decirse que venir a evangelizar a los pobres no se entiende solamente enseñar los misterios necesarios para la salvación, sino hacer todas las cosas predichas y figuradas por los profetas, hacer efectivo el evangelio» (SVP ES XI-3, 391).

[7]   Marc Girardin (1801–1873), político y hombre de letras, escribió con desprecio en el Journal des Débats de 1831: «Los bárbaros que amenazan a la sociedad no están en el Cáucaso, ni en las estepas tártaras. Están en las afueras de nuestras ciudades manufactureras».

Javier F. Chento
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