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Los pobres son parte de nuestra familia

por | Ago 10, 2020 | Formación, Javier F. Chento, Reflexiones | 0 comentarios

Os invitamos a descubrir a través de sus propios escritos a Federico Ozanam, cofundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl y uno de los miembros más queridos de la Familia Vicenciana (al que, tal vez, aún conocemos poco).

Federico escribió mucho en sus poco más de 40 años de vida. Estos textos —que nos llegan de un pasado no muy lejano— son reflejo de la realidad familiar, social y eclesial vivida por su autor que, en muchos aspectos, guarda similitudes con la que se vive actualmente, muy en particular en cuanto se refiere a la desigualdad y la injusticia que sufren millones de empobrecidos en nuestro mundo.

Comentario:

Amélie se había quedado embarazada hacia finales de abril de 1842, unos 10 meses después de casarse con Federico. Desgraciadamente, sufrió un aborto espontáneo la noche del 29 al 30 de mayo. Con su salud muy debilitada, el matrimonio convino que lo mejor para ella era trasladarse a Lyon, a descansar en casa de sus padres y seguir restableciendo su salud. Amélie parte de París, junto con su madre, a mediados de julio. Esta es la primera separación de la pareja después de su matrimonio. La pareja se ama tiernamente, y Federico echa mucho de menos a su esposa; tanto que, durante este periodo de separación (hasta el 11 de agosto, cuando Federico parte hacia Lyon para unas cortas vacaciones) la escribe casi diariamente.

Por el texto de esta carta, no nos cabe duda de que Amélie estaba al tanto de las labores de su marido con los pobres a los que iba a visitar a sus casas. Es muy probable que ella misma le acompañara —aunque hay que recordar que la Sociedad de San Vicente de Paúl solo estaba formada por hombres en aquel tiempo[2].

La calle du Flour y la del Dragón se encuentran no muy lejos de la iglesia de Saint-Sulpice y del barrio latino[3], donde principalmente ejercieron su apostolado los primeros miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Tampoco se hallan lejos de la calle de Sèvres, donde se encuentra la iglesia que conserva el cuerpo de san Vicente de Paúl desde el 25 de abril de 1830. De hecho, la calle du Flour es una especie de extensión de la calle de Sèvres.

En esta área Federico visita a algunas familias, y le informa a Amélie de sus enfermedades y problemas por el precio del alquiler y de los productos básicos de alimentación, a causa de la especulación con los precios.

Ante la situación de los empobrecidos, Federico se acusa de vivir una vida demasiado cómoda y tranquila; así que le propone a Amélie que, parte del dinero destinado a su regalo de cumpleaños, se dedique a aliviar a estas familias, cuyos hijos «rezarán por ti, por nosotros dos, para que aleje de nosotros la desgracia de este año y nos conceda el angelito que espera nuestra casa».

La pareja era generosa con su limosna. Años después, Amélie escribe que al menos la décima parte de los ingresos familiares se dedicaban a aliviar las necesidades de los pobres: «La limosna no era para él un deber, sino un gran honor»[4].

Su ejemplo nos impulsa a nosotros a hacer lo mismo: muchas personas, también hoy día, no podrían sobrevivir sin ella. Y nosotros somos honrados por servir a los miembros más necesitados del cuerpo de Cristo. Sin embargo, no hemos de olvidar que el objetivo último es trabajar por la promoción del pobre, de manera que aquellos que puedan trabajar tengan la posibilidad de hacerlo y vivir una vida digna.

También Vicente de Paúl buscó la promoción integral de la persona, para que pudiese valerse por sí misma mediante su propio trabajo; el 26 de abril de 1651 escribe a Marcos Coglée, superior de Sedán, respecto al reparto de ayudas a los pueblos desolados por las guerras:

No asistir más que aquellos que no pueden trabajar ni buscar su sustento, y que estuvieren en peligro de morir de hambre si no se les socorría. En efecto, apenas tenga alguno fuerzas para trabajar, habrá que comprarle algunos utensilios conformes con su profesión[5].

El derecho al trabajo y a conseguir el patrimonio necesario para labrarse el futuro está reconocido en la Declaración de los Derechos Humanos. También, desde sus orígenes, el derecho a un trabajo digno aparece en la moderna Doctrina Social de la Iglesia:

En la Doctrina Social de la Iglesia ocupa un lugar importante el derecho a un trabajo digno. Por esto, ante las altas tasas de desempleo que afectan a muchos países […] y ante las duras condiciones en que se encuentran no pocos trabajadores en la industria y en el campo, es necesario valorar el trabajo como dimensión de realización y de dignidad de la persona humana. Es una responsabilidad ética de una sociedad organizada promover y apoyar una cultura del trabajo[6].

Desafortunadamente, hoy día son muchos los que, aún siendo competentes, son incapaces de encontrar un puesto que les permita vivir independientemente, bien porque están parados, bien porque el trabajo que tienen es tan precario que no soluciona su situación. También pasó en tiempos de Federico, como ya hemos visto, entre los obreros de las fábricas.

A ellos, además de la ayuda inmediata, es preciso ofrecerles las herramientas que les habiliten y les permitan valerse por sí mismos. Mientras, la limosna, el auxilio material, es no solo necesario, sino imprescindible.

Sugerencias para la reflexión personal y el diálogo en grupo:

  1. ¿Se puede lograr la igualdad entre hombres y mujeres en la vida social? ¿Y en la vida laboral? ¿Y en la Iglesia? ¿Cómo lograrla?
  2. ¿Cómo podríamos implicar a los miembros de nuestras familias en la labor que realizamos como seguidores de san Vicente? Esto es: ¿cómo invitarles a hacer lo mismo?

Notas:

[1] Fiesta de la Asunción de María. En varios escritos familiares, genealogías y archivos, se indica que Amélie Soulacroix nació el 15 de agosto de 1821, pero esto es incorrecto. Gracias a las investigaciones de Magdeleine Houssay, tataranieta de Federico, hoy sabemos que la fecha de nacimiento de Amélie, tal y como aparece en su certificado de nacimiento, fue el 14 de agosto de 1820:

[2] La Sociedad de San Vicente de Paúl surge en el ambiente universitario de París. La mujer estaba entonces excluida de la educación superior. Sin embargo, no podemos olvidar que fue una hija de la caridad (sor Rosalía Rendu) la que animó a las conferencias en sus primeras actividades de servicio al pobre. También Amélie dedicó buena parte de su vida a la labor caritativa y, sin duda, fue una persona importante para la Sociedad: ella recopiló y conservó celosamente los documentos de su difunto marido.

Las mujeres no tardarían en incorporarse a la labor de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Así:

  • En la Positio para la beatificación de Santiago Masarnau, fundador de las Conferencias en España, se afirma que «las conferencias de mujeres se inician en España en 1855, siendo su primera presidenta Encarnación Villalba de Hore» (Anecdotario de Federico Ozanam, publicado por la Vicepresidencia Internacional de Formación de la Confederación Internacional de la Sociedad San Vicente de Paúl, en 2017).
  • El 10 de enero de 1856, Celestina Scarabelli fundó la rama femenina de la Sociedad de San Vicente de Paúl en Bolonia: «Los grupos se multiplican muy rápidamente en París, nacen nuevas conferencias en las provincias y casi simultáneamente en Europa, en América… Las mujeres, ausentes durante la creación de las primeras conferencias, se unirán rápidamente a sus padres o cónyuges para ayudarles durante algunas visitas familiares. En Bolonia, en enero de 1856, nació la rama femenina de la Sociedad de San Vicente de Paúl, observando la misma Regla. Las costumbres de la época están lejos de ser mixtas. ¡Se necesitó más de un siglo para que las dos ramas se fusionaran (el 20 de octubre de 1967)!» (Marie-Françoise Salesiani-Payet, Presentation de la Société de Saint Vincent de Paul, en la Asamblea Regional de Piamonte, Turín, 27 de marzo de 2011).

[3] En la Edad Media, el barrio latino estaba habitado por un gran número de estudiantes que usaban el latín como lengua académica; de ahí su nombre.

[4] Cf. Chevalier-Montariol (ed), «Notes biographiques sur Frédéric Ozanam«, en I. Chareire (ed), Frédéric Ozanam, Actes du colloque de Lyon des 4 et 5 décembre 1998, Paris, 2001.

[5] SVP ES IV, 180.

[6] Juan Pablo II, Ecclesia in America, 54.

Javier F. Chento
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