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Responder a más que nuestras necesidades

por | Jul 31, 2020 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es un hombre para los demás.  Por lo tanto, no puede sino responder a las necesidades ajenas.  Ser su discípulo es seguir su ejemplo.

Las gentes no quieren dejar a Jesús en paz.  Seguramente, lo toman por alguien capaz de responder a sus necesidades.

Y no se defraudan los que se acogen a Jesús.  Pues se compadece él de ellos y no vacila en responder a sus necesidades.  No importa que le resulte imposible ahora realizar su deseo de paz.  Antepone él, pues, las necesidades de los demás a las suyas.

Deja, sí, Jesús a Dios por Dios, por así decirlo, y cura a los enfermos (SV.ES IX:297).  Y aunque tarde, todavía no cesa de responder a las necesidades de los demás.

En primer lugar, hace caso él de la preocupación de los discípulos.  Éstos le sugieren que la gente vayan a las aldeas y se compren comida.  Según ellos, pues, responder a las necesidades de la gente es dejar que cada uno sea responsable de sí mismo.  Y no falta de razón tal sugerencia.  Pues cada uno tiene que llevar su propia carga (Gal 6, 5).

Pero Jesús no se pone de acuerdo.  Les dice:  «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».  Quiere él responder mejor, en segundo lugar, a una necesidad más de la gente.

Responder al hambre de forma radical.

Jesús, sin embargo, no se contenta con responder a una necesidad que le afrenta.  Es que ve él el «cuadro grande».  Es decir, no solo ve la necesidad; entiende también la raíz de ella.  Y busca él, claro, arrancar de raíz el problema.

Pero comienzan Jesús y sus discípulos con nada más que cinco panes y dos peces.  Pronuncia él la bendición sobre ellos, parte los panes y se los da a los discípulos.  Éstos, a su vez, se los dan a la gente.  En seguida, bendice Dios ese comienzo pequeño (véase SV.ES II:263).  Pues comen y se sacian más de cinco mil, y les quedan todavía doce cestos de sobras.

No se nos dice cómo logran comer hasta saciarse tanta gente.  Ni se menciona que se multiplican los panes y los peces.  Solo se nos muestra que erradicar el hambre supone la colaboración y la compartición; el «yo-ísmo» no soluciona nada.

Responder, pues, al hambre de forma radical quiere decir estar y trabajar juntos nosotros y compartir lo poco que tenemos.  Si escuchamos atentos a Jesús, comeremos bien.  Y nada, nadie, será un desperdicio.  El hambre, pues, en vez de apartarnos de Cristo y unos de otros, llevará a mayor comunión.

Jesús, sí, nos quiere ver solidarios y saciándonos de una comida compartida.  Como en un pícnic, en el que nos sentamos juntos en la hierba.

Señor Jesús, no dejas de responder a nuestras necesidades, y es por eso que nos das de comer y beber.  Haz que tu ejemplo nos impulse a hacer también lo que tú haces con nosotros.

2 Agosto 2020
18º Domingo de T. O. (A)
Is 55, 1-3; Rom 8, 35. 37-39; Mt 14, 13-21

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