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Expectantes y animados sembradores

por | Jul 9, 2020 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el que siembra la palabra del Reino. Quiere que sus seguidores sean sembradores expectantes y animados como él.

Los sabios y los entendidos acusan a Jesús de blasfemia, de transgresión de la ley y de ser poseído por el diablo (Mc 2, 7. 24; 3, 22). Las gentes sencillas, en cambio, lo acogen. Están expectantes y pendientes de toda palabra que sale de su boca. Es que se asombran de él, pues enseña con autoridad (Mc 1 22).

Y «autoridad» viene de la palabra Latina auctoritas. Su raíz es augere, que quiere decir aumentar. Así pues, Jesús es el que inicia y hace crecer.

Él es el Sembrador y a la vez la Semilla. Y el Predicador que escucha a Dios, y capta lo que él dice, da mucho fruto. Y la palabra del Reino no vuelve a Dios vacía, sino que hace su voluntad y cumple su encargo.

Se les dispone, sí, al Reino y al que predica el Evangelio del reino de acuerdo con el propósito de Dios. Y es por eso que el Sembrador no siembra con mezquindad, sino a manos llenas. Ni es de los que siembran entre lágrimas y solo cantan a la hora de la mies (Sal 126, 5).

Es que el Sembrador canta aun antes de la mies. No le importa donde caiga la semilla. Es como si quisiera dar a conocer que no hay que descartar sin más ni el borde del camino. Ni el terreno pedregoso o cubierto de zarzas.

Expectantes aguardan la mies copiosa los sembradores de Jesús, los elegidos de él para los duros trabajos de la Buena Noticia.

Tanto más íntimos con Jesús sus obreros cuanto más los contagia él su esperanza y su confianza en Dios. Con razón, pues, nos dice el Papa Francisco en EG 266:

El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.

Es por eso que, para mostrarnos expectantes, hemos de unirnos al sembrador y a la palabra del Reino. Tal comunión prevendrá la pereza y el celo indiscreto (RCCM XII:11). Y precave también el estropeo de todo por confiar demasiado en nuestras propias obras (SV.ES XI:236). Nuestra ética de trabajo será, por lo tanto, la de san Vicente (SV.ES XI:57, 121, 397).

Y, ¿no es cierto que el que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo?

Señor Jesús, comemos tu cuerpo y bebemos tu sangre. Haz que cobremos fuerza para sembrar expectantes la Buena Noticia.

12 Julio 2020
15º Domingo de T. O. (A)
Is 55, 10-11; Rom 8, 18-23; Mt 13, 1-23

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