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Una lente de gran angular sobre el lamento de los pobres

por | Jul 7, 2020 | Formación, John Freund, Reflexiones | 0 comentarios

El papa Francisco nos pide que pongamos una lente gran angular sobre la situación de los pobres.

El papa Francisco nos ha pedido que reflexionemos sobre Laudato Si durante el próximo año.

Lo hace de forma muy concreta, con una observación y una pregunta.

«¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (160). Esta pregunta está en el corazón de Laudato si’.

«entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.

El deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre».

Ahora, esta tierra, maltratada y abusada, se lamenta, y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo. El papa Francisco nos invita a escucharlos, instando a todos y cada uno —individuos, familias, comunidades locales, naciones y la comunidad internacional— a una «conversión ecológica», según la expresión de san Juan Pablo II.

Now, this earth, mistreated and abused, is lamenting, and its groans join those of all the forsaken of the world. Pope Francis invites us to listen to them, urging each and every one – individuals, families, local communities, nations and the international community – to an “ecological conversion”, according to the expression of Saint John Paul II.

«Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos» (229).

Ponerle cara a los problemas

Mi cohermano, el P. Joe Fitzgerald, de la Provincia del Este de Estados Unidos, publicó recientemente una reflexión en la revista US Catholic… Después de haber trabajado allí durante 15 años pone una cara a nuestro ministerio con los indígenas de Panamá, cuenta su historia de una manera atractiva:

Habiendo vivido y servido a los indígenas Ngäbe de Panamá, creo que ellos pueden ser claros signos de otro mundo posible.
Los Ngäbe entienden toda la creación y el cosmos como Ju Ngöbökwe (la casa de Dios).

Después de compartir conmovedoras percepciones sobre su vida y valores, resume mucho dolor y sufrimiento mientras escribe:

En 2012, miles de familias indígenas ngäbe bajaron de las montañas para bloquear un tramo de 50 millas de la Carretera Interamericana en protesta pacífica por el cambio abrupto del gobierno en la ley de minería, que expondría las tierras indígenas ngäbe a la minería a cielo abierto y devastaría el bosque y los ríos. Como los Ngäbe lo veían, esta sería la etapa final para eliminarlos como un pueblo con su propia visión del mundo, cultura, idioma y modo de vida.

Acompañar a los Ngäbe a lo largo de varios años de protestas en las minas y presas, ser testigo de su feroz determinación y unidad frente a las amenazas a esta parcela de la creación de Dios a la que su identidad cultural está tan íntimamente ligada, y ver su negativa a aceptar las promesas de supuesto «progreso» que dichos proyectos traerían consigo, me ha llevado a una comprensión más clara: La pobreza de la degradación ecológica y la aniquilación cultural no puede mitigarse con un simple aumento de los indicadores económicos. Cabe señalar que ningún ritual o acto de reciprocidad en la visión de Ngäbe puede traer equilibrio y balance a la destrucción intencional de bosques o ecosistemas enteros.

Agradecido por el profundo impacto que los Ngäbe han tenido en mi propia vida y en mi camino de fe, espero que la iglesia global llegue a ver las formas particulares en que nuestros hermanos y hermanas indígenas manifiestan el reino de Dios de muchas maneras profundas y simples, dándonos vislumbres del otro mundo posible.

El costo de entender profundamente el Laudato Si es alto, porque implica una conversión personal.

Reflexionando sobre las palabras del papa Francisco y la experiencia del P. Fitzgerald en Panamá

¿Qué podemos aprender?

«Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos» (229).

«Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura».

«Para realizar esta reconciliación debemos examinar nuestras vidas y reconocer de qué modo ofendemos a la creación de Dios con nuestras acciones y nuestra incapacidad de actuar. Debemos hacer la experiencia de una conversión, de un cambio del corazón».

Preguntas

  • ¿Sólo porque los vicencianos no oigamos estos gritos de los pobres significa que no existen?
  • ¿Reconocemos la necesidad de nuestra propia conversión del corazón?
  • ¿Nuestra conversión personal nos llevará a trabajar por el necesario cambio sistémico?
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