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Evangelio y Vida para el 23 de mayo de 2020

por | May 23, 2020 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

“Quien me odia a mí, odia al Padre”

Hech 18, 23-28; Sal 46; Jn 16, 23-28.

Me odiaran sin causa. Jesús denuncia y recrimina el odio, que se anida en el corazón y lleva al ser humano a negar la presencia de Dios en las obras buenas del otro; el odio oscurece los sentidos y hace negar lo innegable, que en este caso es la presencia del Padre en Jesús.

Meditemos acerca de cómo este pecado del odio ha entrado en nuestra realidad, cómo le hemos abierto las puertas y lo hemos dejado pasar a nuestras relaciones laborales, comunitarias y de apostolado.

La comunión con Cristo resucitado nos da la fuerza para poder arrancar la raíz del odio que se ha arraigado en nuestras vidas: lo que importa es dejar que actué el Espíritu de Dios en nosotros, en las situaciones de odio que vivimos y que nos enseñe a reconocer la presencia de Jesús en sus obras y también en la vida de los hermanos. El amor está en el corazón de la vida cristiana.

Ven, caminemos a la luz del Espíritu del Señor. Aceptemos la invitación de Jesús para salir del círculo del odio y la incredulidad. Hay muchos caminos para salir de ello, pero solo uno es permanente: caminar a la luz del Espíritu.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Sor Elizabeth Sánchez Rangel, H.C.

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