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Superabundante e insondable plenitud

por | Feb 20, 2020 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesucristo personifica la plenitud superabundante de Dios. Desea él enormemente compartir con nosotros esa plenitud.

Sigue explicando Jesús lo que quiere decir cumplir plenamente los preceptos y ser mejor que los escribas y fariseos. Quiere ver en nosotros la justicia superabundante y el amor ilimitado.

Así pues, Jesús enseña que la justicia se trata no solo de procurar que el castigo sea proporcional a la ofensa. La justicia significa incluso dejar de imponer un castigo justo y no devolver mal por mal. Hasta hay que ceder a las exigencias del otro y darle más de lo que él reclama.

Según Jesús también, amar no es cuestión solo de amar a un hermano, pariente o compatriota. Se ha de amar también al enemigo. Pues nuestro amor debe ser superabundante como el amor de nuestro Padre celestial que es bondadoso con los malos y los buenos.

Quiere, sí, Jesús que seamos hijos de nuestro Padre celestial, asemejados a él, que de tal palo, tal astilla. Y no es que busque él algo más para nuestro Padre celestial. Después de todo, Dios es la plenitud superabundante. No necesita ni busca ninguna otra cosa más que le perfeccione.

Lo que, más bien, quiere Jesús es que seamos nosotros más de lo que somos. Lo mismo quiere para nosotros nuestro Padre celestial. Pues carecemos de integridad y tenemos necesidad de muchas cosas para conseguir la autorrealización o la plenitud.

Pero si hemos de aprender de Jesús lo que es la plenitud, tendremos que comprender que la plenitud significa vaciamiento. Más quiere decir menos. Amándonos hasta el fin, hasta el extremo, Jesús da su vida por nosotros. En otras palabras, se vacía de sí mismo y se hace obediente hasta la muerte de cruz. Así personifica él verdaderamente la plenitud superabundante de Dios. Éste no perdona a su propio Hijo, sino que lo entrega a la muerte por nosotros (Rom 8, 31-32). Participar, entonces, de la plenitud de Dios es conformarnos a la imagen de su Hijo (Rom 8, 29). Es hacernos necios para llegar a ser sabios.

Señor Jesús, haz que nos vaciemos de nosotros mismos para revestirnos de ti (SV.ES XI:236). Y concédenos rezar, ayunar y dar limosna según tu enseñanza. Renunciándonos así a nosotros mismos para seguirte, conseguiremos la autorrealización (SV.ES III:359), y participaremos de tu plenitud superabundante, la plenitud del Padre.

23 Febrero 2020
7º Domingo de T.O. (A)
Lev 19, 1-2. 17-18; 1 Cor 3, 16-23; Mt 5, 38-48

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