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Participar de la unción y la misión de Jesús

por | Ene 10, 2020 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Jesús es el Ungido con el Espíritu y el Enviado de Dios para anunciar la Buena Nueva a los pobres. Ser de él significa participar de su unción y misión.

El bautismo de Jesús le identifica como el Hijo amado de Dios y es propio del Hijo participar de la divinidad. Pero se nos da a entender también que Jesús es el Siervo Sufriente de Dios.

Dios ha elegido a ese Siervo y se complace en él. Está sobre él el Espíritu de Dios, para que toda justicia se cumpla y se implante también en las naciones. Pues Dios en su justicia llama al Siervo y hace de él una alianza de luz, sanación y libertad.

En otras palabras, Dios unge a Jesús con el Espíritu Santo. Esa unción le apremia a Jesús a pasar haciendo el bien. Y así es él verdaderamente. Es el Ungido con el Espíritu Santo y el Enviado para servir y dar su vida como rescate.

Huelga decir que es decisivo para nuestra identidad cristiana participar de la unción y la misión de Jesús.

Los cristianos, entonces, son aquellos, a quienes los apremia el Espíritu a hacerlos a los demás partcipar de la Buena Nueva de un Dios amoroso. Con rostros radiantes y corazones latiendo de gozo (véase Is 60, 5), hablan de ese Dios que busca lo mejor para sus hijos e hijas. Nos desea él un mundo más humano, un mundo de paz, justicia, solidaridad, igualdad. Él va tras los extraviados, acoge y perdona a los pecadores, y no hace acepción de personas. En breve, los guiados por el Espíritu Santo descubren, como Jesús, el rostro de un Dios bondadoso que salva, no de un Dios severo que condena.

Los cristianos son los alentados por el Espíritu de valentía, el cual los capacita para llamar al pan pan y al vino vino aun ante los poderosos, como los cardenales Richelieu y Mazarino. Los cristianos no pueden ser profetas falsos, quienes se preocupan solo por mantenerse en poder. Por eso, se limitan a decir solo lo que les gusta a los poderosos oír.

Han de enseñar los cristianos con autoridad, como Jesús, no como los escribas (Mt 7, 29). Hacen, entonces, lo que dicen. Y no pasan por alto lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad (Mt 23, 23; véase también EG 35). Con razón, se acuerdan de los pobres y están dispuestos a ayudarles (véase Gál 2, 10).

Dice todo esto que los cristianos están listos para participar del bautismo de Jesús, bien conscientes de que el bautismo es como un proyecto en curso. Y así es, hasta que logren decir, con el el Hijo y Siervo de Dios: «Está cumplido» (Jn 19, 30). Hasta que entren en el gozo de su Señor, luego de entregar sus cuerpos y derramar su sangre.

Señor Jesús, haznos participar de tu bautismo. Y concédenos vivir y morir en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia, en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguirte (SV.ES III:359). Y deja que nuestro bautismo, nuestra iniciación o nuestro comienzo, alcance su cumplimiento y fin.

12 Enero 2020
Bautismo del Senor (A)
Is 42, 1-4. 6-7; Hch 10, 34-38; Mt 3, 13-17

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